Monday, June 19, 2017

"La RAE lo hizo otra vez"

Internet es una fuente inagotable de desinformación. Si lo es con cosas del idioma, ¿cómo puede ser con el resto? ¿Con todo? Haciéndonos ideas deformadas y falsas de la realidad día a día, a todas las personas.
            Lo digo por ese artículo que se titula “La RAE lo hizo otra vez”, con una foto de una estatua como griega con la mano en la cara, como si estuviera consternado por las palabras “incorrectas” que la RAE ha “aceptado”. Este artículo es a su vez copia de otro que se titula “20 palabras que la RAE ha incorporado al diccionario”.
            El que escribió este artículo ni se tomó la molestia de indagar CUÁNDO fueron incorporadas estas palabras.
            Veamos algunas:
            “Toballa”: incorporada en 1739.
            “Almóndiga”: incorporada en 1726.
            “Asín”: incorporada en 1770.
            “Descambiar”: incorporada en 1843.
            “Papahuevos”: incorporada en 1803.
            Y así no quise hacer más búsqueda para no ponerme como el griego de la estatua con tanta desinformación.
            Cuando el autor del dicho artículo dice: “A continuación recopilamos 20 palabras raras que la RAE ha incorporado al diccionario en los últimos años”, evidentemente se refiere a los últimos 300 años o tres siglos de historia.
            Autor anónimo: si apenas te diste cuenta que estas palabras existían en el diccionario, no quiere decir que apenas hayan sido aceptadas cuando te diste cuenta. El mundo no gira a tu alrededor.

Friday, June 2, 2017

¿Yerro o erro?

La Academia acepta “yerro” y “erro” (cometo un error), “yerras” y “erras”, “yerra” y “erra”, “yerran” y “erran”, en el presente de indicativo. En el presente de subjuntivo, acepta la forma con “y” y sin ella, como en “para que no yerres/erres”. Usar esta forma ya es extraño, pues el hablante prefiere decir la frase “cometer un error” o “equivocarse”. Pero si se quiere decir en una sola palabra, se puede empezar tanto con “y” como con “e”.
            Es curioso que la Academia acepte ambas formas, aún contra sus orígenes etimológicos y el uso culto. La palabra “errar” viene del latín “errare” que comenzaba con “e” breve. En latín existían dos formas de pronunciar las vocales: largas o breves. Esta pronunciación se conservó en italiano, pero se perdió en español. La “e” que se pronunciaba breve en latín y quedaba con acento, terminó formando un diptongo “ie” como en “cielo”, del latín “cellum”. En cambio, en “celeste” ya no tiene acento y entonces no se forma un diptongo, siendo “cieleste” imposible.
            Lo mismo pasaría con “errare”. En la conjugación infinitiva, el acento queda al final, como en “errár” (pongo la tilde para recalcar la sonoridad del acento), así que la “e” se queda siendo “e”. Pero cuando tiene el acento, como en “érro”, se transformó en “iérro” como pasó con todos los casos de “e” breve acentuada del latín. De ahí la forma “yerro”, donde la “i” a comienzo de palabra asume inmediatamente la cualidad de consonante, como pasa con “hierba” y “yerba”.
Según esto, cuando la Academia admite “erro”, “erras”… va contra la etimología. La forma que se acerca a su origen latino es “yerro”, “yerras”…
            Una búsqueda en las bases de datos de la Real Academia muestra que “yerro”, “yerras”… se usa con bastante más frecuencia que “erra”, “erras”… Es decir, cuando la Academia acepta “erra”, “erras”…, también va contra el uso.
            Esto es apenas uno de los ejemplos en los que se muestra la arbitrariedad de la Academia a la hora de aceptar o rechazar variantes. En este caso, la Academia ha sido bastante benevolente al aceptar ambas formas, lo cual le conviene al hablante interesado en conformarse a la regla académica. Sin embargo, ¿por qué no acepta “haiga” y “haya” al mismo tiempo? Bien podría hacerlo, no existe obstáculo, si acepta “yerro” y “erro”.

Achicopalado

“Achicopalado” es estar abatido, deprimido, triste o humillado, que se expresa en una postura del cuerpo encogida, y con tendencia al aislamiento y al silencio. Según la Academia, es expresión propia de México, El Salvador y Honduras. En México se tiene como un término de uso tradicional, coloquial y campesino. Se usa también en Colombia. Curiosamente también se lo hemos escuchado decir a una cubana, pero no se ha encontrado documentación más extensa. Parece desconocido en España y Argentina (véase forista Tacherie aquí).
            Según la Academia, “achicopalado” viene de “achicopalarse” o “achicarse”, que significa “volverse pequeño” y en su tercera acepción “humillarse”. Estar “achicado” es estar “humillado” y por extensión metafórica sentirse abatido, deprimido y triste. De ahí su asociación con una postura corporal en la que el individuo se percibe más pequeño de lo que usualmente es.
            “Achicar” proviene de “chico”, que se remonta al latín “ciccum” o cosa de poco valor. Por esta razón, “achicarse” es consecuente con “humillarse” o asignarse a sí mismo poco valor, con toda la negatividad emocional que esto implica. La adición de “palar” permite establecer una causa de tal humillación como de alguien que ha recibido “palos”, golpizas o contratiempos (véase etimología).
El término “achicarse” como “humillarse” ha debido entrar desde España con los primeros colonizadores de América. La adición de “palar” es lo más desconcertante en la historia de esta palabra. Mientras no exista documentación española, debemos considerarla una innovación hecha por hablantes de español en América, probablemente iniciada en México y extendida así a Centroamérica.  La documentación más antigua se encuentra en México en 1895, pero es probablemente mucho más antigua.
La ausencia de documentación obliga a hacer solo conjeturas sobre cómo llegó a Colombia. Es posible que hubiera llegado por medio del cine mexicano, especialmente Cantinflas (véase forista Mangato aquí). En tal caso, habría que explorar por qué Cantinflas lograría introducir esta palabra solo en Colombia. Habría que averiguar si logró introducir otras palabras mexicanas.
También habría que explorar mejor si es de uso común en Cuba. En tal caso, habría que considerar un origen más antiguo, tal vez en el siglo XVII, para que se extendiera al Caribe y a Colombia, y quién sabe a qué más lugares que se desconoce.
Muchas veces pasa que los hablantes del lugar se creen dueños exclusivos de un vocablo y después encuentran que en un lugar apartado se utiliza también. Eso parece ocurrir en México, aunque yo también creía que los colombianos éramos los únicos que la decíamos.

Sunday, May 21, 2017

Usted

El “usted” en Colombia tiene dos significados contradictorios: se usa para expresar respeto en ciertas ocasiones, pero en otras sirve para expresar confianza. Llamar de “usted” a los hijos, a la esposa o a un amigo cercano es una de las características más representativas del español colombiano. Los extranjeros que ven telenovelas y series colombianas ven como un exotismo colombiano el uso de “usted” hacia una persona de confianza. Es más frecuente en el español de la región andina, en contraposición al español del Caribe, donde prevalece el uso de “tú”.
            El pronombre “usted” de respeto proviene de “vuestra merced”, que surgió en el español del siglo XV en España. Recordemos que “vos” tenía un sentido de respeto en el español medieval, pero luego empieza a usarse también en situaciones de confianza hacia el siglo XV. Para evitar esta ambigüedad, los hablantes españoles crearon un compuesto de “vuestra”, el pronombre posesivo de “vos”, junto con “merced”, que significa “voluntad”.
            “Vuestra merced” es una manera de dirigirse a una persona de manera indirecta, pues es en realidad una tercera persona. No se refiere directamente a la persona, sino que se alude a su voluntad de atender lo que se le está diciendo. Esta “voluntad” de la persona es otra entidad lingüística.
            Poco a poco fueron introduciéndose otras formas de tercera persona. Al principio se decía “vuestra merced cantáis”, pero luego se fue introduciendo: “vuestra merced canta”. Nótese que el verbo “canta” es igual a “él/ella canta”. Al comienzo se decía “este es vuestro hijo” y luego, al evolucionar el lenguaje, se empezó a decir “este es su hijo”. Nótese que el “su” de “él/ella” es igual al “su” de “usted”.
            El “vuestra merced” se popularizó en el siglo XVI. Se usaba con tanta frecuencia que muchas personas eliminaban sonidos de este compuesto tan largo. Surgieron en el siglo XVII formas como “vuesanced”, “vuesasted”, “voacé” y, por su puesto, “vuested” y “vusted”, de donde surge “usted”. Posteriormente sobrevivió solamente “usted”.
            Formas colombianas como “vustéd” y “sumercé”. Así mismo, conviene explicar cómo surgió el “usted” de confianza, que se relaciona con el surgimiento de “sumercé”, como lo haré en otro momento.

Monday, May 15, 2017

Ñapa

Versión actualizada según la publicación de El País

En Latinoamérica, un cliente que hace una buena compra no solo espera recibir su ñapa, sino que puede exigirla en caso de no recibirla: “¿Y la ñapa?”.
La palabra “ñapa” se usa en Colombia y en casi toda Hispanoamérica. Se refiere a un pequeño agregado gratis que un vendedor da como compensación al cliente que ha hecho una buena compra. También se utiliza la expresión adverbial “de ñapa”, que sirve para calificar la acción de ofrecer una cosa extra al valor del intercambio comercial.
Por esta vía se han creado numerosos sentidos metafóricos, generalmente sarcásticos, relacionados con la idea de ofrecer algo extra que no se esperaba.
Por ejemplo, se le llama “ñapa” al golpe final que se le da a una persona después de una paliza muy fuerte, o al beso que da una persona al final de una velada romántica en medio del coqueteo.
La palabra “ñapa” se origina en una palabra quechua que significa “ayuda” o “aumento”, según afirma el diccionario de la Real Academia. Una versión más antigua de la palabra es la escritura con “y”, debida probablemente a diferencias de pronunciación de distintas variedades del quechua. El quechua es la lengua que hablaban los indígenas del pueblo conocido Inca en su faceta imperial, que abarcó un territorio que incluía lo que hoy es Perú, Ecuador, Bolivia, parte de Argentina, Chile y Colombia.
Que se use en territorios andinos es comprensible, pues allí tuvo presencia el imperio Inca. Pero la palabra también se usa en el español de México y las islas Caribe, mucho más de lo que abarcó el territorio Inca. Solo pudo haber llegado allá por medio de los mismos colonizadores españoles.
Al ser una palabra indígena, el concepto que da origen es muy probable que también lo sea. Es decir, no solo se extiende un término, sino una práctica comercial y una forma de concebir el intercambio.
Muchas veces en medio del “regateo”, una práctica comercial también hispánica, tal vez proveniente de la cultura árabe, el comprador pregunta: “¿y de ñapa?”, para pedir una cosa extra que lo incentive a cerrar el negocio a determinado precio. Otras veces el comprador ni siquiera espera que se le dé “ñapa”, sino que esta es una sorpresa ofrecida al final de la compra.
A través de la “ñapa”, no solo se ofrece al comprador un incentivo para que reitere futuras compras con el mismo vendedor, sino que se emite un mensaje de agradecimiento y se buscan establecer lazos que van más allá del mero intercambio comercial y que pueden lindar en la amistad. La “ñapa” implica que la compra es una especie de favor con potencialidad de extenderse en una nueva relación humana de cordialidad.
La palabra “ñapa” ha debido transmitirse por tradición oral entre los comerciantes de América. Los colonizadores han debido sentirse fascinados por el concepto de “ñapa” de los indígenas y sus posibilidades comerciales, tanto que se lo apropiaron y lo llevaron a lugares insospechados. Por ejemplo, al francés de Luisiana, en Estados Unidos.
Los españoles fueron los primeros europeos que exploraron la zona de Nueva Orleans, lo que atrajo el interés de los franceses, quienes llegaron desde Canadá por el río Misisipi y colonizaron el territorio entre el siglo XVII y XVIII. Después estuvo bajo el dominio de España a finales del siglo XVIII, para regresar a manos de los franceses, y finalmente ser comprada por Estados Unidos en 1803.
Pues bien, por influencia española, la palabra “ñapa” entró en el francés de Luisiana y Nueva Orleans, junto con la práctica cultural asociada. Los franceses introdujeron la forma compuesta “la ñapa” (con el artículo “la”) y de ahí surgió “lagniappe” como palabra francesa. En francés se pronuncia “lañáp”.
Nueva Orleans fue siempre un eje estratégico de comercio por la confluencia del río Misisipi con el océano Atlántico. La “ñapa” como práctica comercial probablemente ejercía un gran atractivo entre los compradores potenciales, por la idea de recibir una cosita extra.
Hoy en día se conoce la palabra “lagniappe” en el inglés de Nueva Orleans por influencia de los franceses que la aprendieron de los españoles, y se considera un localismo exótico del cual se sienten orgullosos, un valor agregado a su identidad, pero pocos saben que se trata de una palabra de origen indígena.
¿Qué otros significados tiene para usted? Escríbame a lenguaencolombia@gmail.com

P.D.: 
De ñapa les cuento otra información que recibí de un lector. Resulta que su abuela lo enviaba a la tienda a comprar la "parva" y le decía que se acordara de pedir el "vendaje". Pues sí, "vendaje" parece sinónimo de "ñapa". 
"Vendaje" viene del latín "venditus" de donde surgen el español antiguo "venda" y el moderno "venta". Significa "Añadidura, especialmente la que se da como propina o regalo" según el diccionario de la Academia. Entonces, al parecer, sí existía la práctica tradicional hispánica de dar una cosa extra a la venta antes del encuentro con los quechuas. 
Una pregunta que invita a la reflexión es: si existe el término hispánico "vendaje", que podría significar lo mismo que "ñapa", ¿por qué se introdujo el término indígena "ñapa"? Hasta aquí lo dejamos para pensar e investigar.

Sunday, May 7, 2017

Mitos - Español de España

6 mitos sobre el español que usted siempre creyó

Publicado en El País de Cali

Es cierto que el español que hablamos en América proviene de España, pero dos siglos de independencia política nos han distanciado hasta el punto que desconocemos cómo se habla allá en la Península.
Hemos escuchado a músicos españoles famosos como los de Mecano, Alejandro Sanz o José Luis Perales, hemos visto películas del cineasta José Almodóvar o nos hemos topado con algún doblaje español en el bus de Cali a Bogotá. Famoso es el mito según el cual Luke Skywalker, héroe de Starwars o La guerra de las galaxias, fue traducido al español como “Lucas Trotacielos” en algún doblaje.
A pesar de todo, sigue existiendo una gran distancia entre España con respecto a Hispanoamérica, tanto que los hispanoamericanos estamos llenos de creencias falsas sobre el español que se habla en la Península.
            Mito 1: Todos los españoles hablan español
            En España hay hablantes nativos de otras lenguas que no son el español: el gallego, el asturleonés y el catalán, que es la que hablan los jugadores del Barça y la que aprenderán los hijos de Shakira. En España hay regiones muy aisladas donde hay personas que hablan alguna de estas lenguas y no español.
Lo que hoy se conoce como “español” es resultado de una variedad medieval del latín, la que se hablaba en el reino de Castilla o “castellano”. En la Península había otras maneras de hablar latín según la región, como si fueran “acentos” del latín, según la región: en Galicia se formó el gallego; en León y Asturias, el asturleonés; en Navarra y Aragón, el navarroaragonés, que evolucionó en catalán.
Los castellanos lideraron la guerra contra los musulmanes que habían invadido el sur de España en el siglo VIII. Por esta razón, la variedad castellana de latín se extendió al sur de España y también dominó sobre las demás regiones. En el sur de España había otras variedades de latín, pero estas desaparecieron sin dejar rastro.
            Mito 2: El catalán es un acento del español
            Lo anterior nos lleva a desmontar el mito de que el catalán es un dialecto del español. Lo digo porque en una noticia sobre Shakira, de hecho, leí que ella había insultado a un periodista en “acento” catalán.
            El catalán tal vez era un acento del latín en la edad media temprana, pero que se volvió tan diferente de otros que se convirtió en una lengua con derecho propio como el francés, el italiano y el portugués. De hecho, el francés y el italiano también fueron acentos del latín y hoy son lenguas diferenciadas.
            Es cierto que el catalán se parece mucho al español, pero se parece no porque sea un acento del español, sino porque tanto el español como el catalán provienen del latín. El portugués también se parece mucho al español por la misma razón. De hecho, resulta risible, pero muy ofensivo para los catalanes, decir que su lengua es un acento del español.
            Mito 3: Los españoles hablan mejor español que los latinoamericanos
            O alguien puede pensar que el español de España es mucho peor que el de los latinoamericanos, todo depende de la posición política que se asuma. Un latinoamericano a quien le guste mucho la forma como hablan los españoles seguramente tiene un pensamiento más conservador, que esconde un anhelo por volver a ser colonizado; a un latinoamericano que le moleste el acento español, seguramente tiene un pensamiento más progresista y libertario.
            Lo cierto es que los españoles aceptan como formas normales de hablar algunas cosas que suenan mal a un latinoamericano. Por ejemplo, los españoles dicen “cansau” por “cansado” y no suena mal, pero a un latinoamericano esto le sonaría muy informal o incorrecto. Los españoles, además, usan muy poco el pronombre “usted” y prefieren el “tú” incluso en situaciones formales.
            Mito 4: Los españoles hablan todo con una ese carrasposa
            Cuando un latinoamericano trata de parodia el habla española, generalmente lo hace enrollando la lengua para decir las eses y producir un silbido carrasposa en todas ellas. Esa ese especial que usan los españoles en realidad son dos sonidos diferentes: uno, para las palabras que se escriben con “s”, y otro, para las que se escriben con “z” o “ce” y “ci”.
            No es que los españoles tengan tan buena ortografía que hablan como escriben, no. Es que la ortografía moderna se basa en el sistema de pronunciación peninsular. La pronunciación fue primero y luego la ortografía, nunca al revés.
            El sonido para “z” y “ce/ci” se hace poniendo la lengua entre los dientes incisivos y soltando una especie de silbido. El sonido para “s” es el que suena como carrasposo, pero no es en toda España, sino especialmente en el norte de España. En el sur de España la pronunciación de esta “s” es más parecida a la de América. Incluso, en muchas regiones del sur no existe la diferencia con “z”, siendo su pronunciación exacta a la de un latinoamericano.
            Mito 5: Los españoles usan “vos”
            Ese uso de “vos” con “-ais”, “-eis”, “os” y “vuestro” que tanto usamos los latinoamericanos en las oraciones religiosas nos parece tan formal que pensamos que se usa en España comúnmente (además porque pensamos que allá hablan mejor). No es verdad. En España no existe el “vos” en ninguna región, contexto o estilo.
            El uso de “vos” en el discurso religioso proviene de la época medieval en que “vos” sí era respetuoso. En España sí existió, pero este uso respetuoso desapareció porque se volvió informal hacia el siglo XV. Luego, el “vos” respetuoso solo quedó en los textos. Esta tradición textual influenció el discurso religioso y por eso solo en ese contexto se usa “vos” en Hispanoamérica.
            Los españoles sí usaban el “vos” de respeto, pero solo en la edad media. Hoy en día ese uso ya no existe.
            Mito 6: El “vosotros” es más formal que el “ustedes”
            Y como se piensa que en España se usa “vos” en un sentido formal, se piensa también que “vosotros” es también formal. El pronombre “vosotros”, en sí, es un pronombre informal, o sea que se usa para hablarles a un grupo de amigos o a personas de estatus inferior, como un profesor a sus estudiantes. Además, es un pronombre plural, es decir, solo sirve para dirigirse a varias personas. Muchos imitadores del español de España usan “os” y “vuestro” para dirigirse a una sola persona y esto es un error técnico muy básico.

            En conclusión, si alguna vez usted va a parodiar el acento de los españoles, no diga: “Ey, Lucash Trotashielosh, ¿vaish a venir a la nave?”, porque la “c” de “cielos” es diferente de las eses, y los españoles nunca usarían “vais” para dirigirse a una sola persona. Ponga la palabra “tío” y eso sí será buen acento español.

Thursday, May 4, 2017

Sumercé

Tome chicha sumercé

Publicado en El País abril 30/2017

            Caminando por las calles de La Candelaria, en Bogotá, encontré un anuncio que decía “Tome chicha sumercé”, con los colores y el estilo de letra de cierta marca de gaseosa norteamericana. Me pareció muy ingenioso, porque promovía el consumo de la chicha como licor tradicional autóctono, parodiando la publicidad de una bebida extranjera, lo que constituía una afirmación de identidad regional. La palabra “chicha”, en todo caso, ni siquiera es de origen autóctono, pero esta es otra historia.
Durante mucho tiempo “sumercé” estuvo relegado al habla de clases sociales bajas, lo que podría haber conducido a su desaparición, pero las nuevas generaciones de clase media y alta han revitalizado su uso. El “sumercé” se ha convertido recientemente en un símbolo del ser bogotano. Sin embargo, no es un pronombre tan bogotano como los bogotanos quisieran creer.
El “sumercé” es una forma de pronunciar “su merced”. En español es normal que la “d” al final de una sílaba se pronuncie tan suave que desaparezca. De hecho, en la conversación informal, la gente dice “ciudá”, “usté” y “universidá”. Los que tratan de hablar bien hacen una “d” tan fuerte que termina siendo “t”, diciendo “ciudát”, “ustet” y “universidat”. La “d” al final de la sílaba como tal es muy difícil de pronunciar para cualquier hispanohablante.
            El “su merced” empieza a formarse en España en el siglo XV, esto es, a finales de la edad media. En esa época existía otro pronombre que servía para expresar respeto, y era “vos”, pero ya muchas personas lo usaban en situaciones de confianza. Usar “vos” en situaciones de respeto empezaba a ser peligroso porque daba lugar a la ambigüedad.
            La estrategia que crearon los medievales para evitar la ambigüedad fue inventar una manera aún más respetuosa, y esta fue “vuestra merced”. De esta manera, no se dirigían directamente a la persona, sino a su voluntad de acción, pues “merced” significaba “voluntad”. Así se creaba una respetuosa distancia.
En todo caso, este pronombre todavía tenía “vuestra” que era el posesivo del pronombre “vos”.  Posteriormente se creó entonces “su merced”, que era todavía más respetuoso, pues ya se usaba “su” en vez de “vuestra” y ya no había rastros del pronombre “vos”. Sin embargo, el pronombre “vuestra merced” era el más común.
“Vuestra merced”, en el siglo XVI, se hizo tan popular que la gente empezó a pronunciarlo tan rápido que la gente decía cosas como “vuesasted”, “vuested” y finalmente “usted”. Entonces el “usted” de hoy en día es una forma mal pronunciada de “vuestra merced”.
Nótese que la conjugación de “usted” y “sumercé” es igual a la de “él” y “ella”: “¿Sumercé/usted tiene un lapicero que me preste?”, igual a “¿Él tiene un lapicero que me preste?”.
Entonces, en el siglo XVII, existía “usted” como pronombre de respeto y “su merced” como un tratamiento mucho más respetuoso. Y así se usó probablemente en toda Hispanoamérica, y en Colombia, hasta mediados del siglo XX.
Si ustedes leen novelas antioqueñas y vallecaucanas, encontrarán que “sumercé” era bastante común. Por ejemplo, el escritor antioqueño Tomás Carrasquilla lo pone en boca de hablantes campesinos que se dirigen a personas de mayor rango social. En María, del escritor vallecaucano Jorge Isaacs, los empleados afrodescendientes se dirigen a sus patrones con “sumercé”.
“Sumercé” es un pronombre demasiado servil para sobrevivir a las ideas progresistas que surgieron después de la independencia, y por eso se fue relegando a las clases bajas. Estas mantuvieron arraigado en su sistema lingüístico las férreas jerarquías sociales de la colonia.
A mediados del siglo XIX, las clases medias que surgieron después de la independencia de Colombia rechazaban todo lo que sonara monárquico, en un proyecto ideológico de distanciarse de todo lo que recordara el pasado colonial. A este movimiento perteneció el escritor bogotano Eugenio Díaz, el autor de Manuela. Díaz es un escritor más interesante de lo que nos muestran en el colegio, la manera como retrata los cambios sociales es única entre los escritores de su época.
Al contrario de lo que ocurrió en el resto de Colombia, en Bogotá “sumercé” sobrevivió por mucho más tiempo, a pesar de los esfuerzos de ideólogos como Eugenio Díaz. Como decía mi profesor José Joaquín Montes, la supervivencia de “sumercé” refleja unas jerarquías sociales más rígidas. Es decir, en Bogotá sobrevivió el “sumercé” por ser una sociedad más desigual que Antioquia y el Valle del Cauca, con más distancia entre clases sociales. Para los bogotanos había que exagerar más el respeto y emplear “sumercé”.
A finales del siglo XX, el “sumercé” era frecuente entre personas de origen campesino, herederos de ese sistema lingüístico de servidumbre. Deja de ser políticamente correcto porque nos recuerda una gran desigualdad social.
Entonces “sumercé” resucita renovado en las clases medias bogotanas. Cuando estas personas lo utilizan, ya significa otra cosa. Ya no es el pronombre servil de quien agacha la cabeza ante su patrón, sino el pronombre amable que expresa camaradería entre amigos cercanos, incluso un pronombre irónico que parodia el respeto de antaño y sirve para hablar en sentido figurado.
Los bogotanos se apropiaron de “sumercé” con esta renovación semántica, pero no es un pronombre bogotano. El “sumercé” nos pertenece a todos, españoles e hispanoamericanos, siendo los bogotanos quienes supieron darle nueva vida.

Tuesday, April 11, 2017

Las tildes y la Real Academia

Esta es la oscura historia de las tildes en la escritura


Cuando yo estaba aprendiendo ortografía en el colegio, la profesora insistía en la diferencia entre “sólo” y “solo”: el primero significa “solamente”, el segundo “en soledad”. Es decir, con tilde era un adverbio, y sin tilde un adjetivo. Así pues, “Fui solo” significaría “fui sin compañía” y “fui sólo”, “solamente fui (no hice otra cosa)”.
            La mala noticia para los que lucharon a sangre y fuego por aprender la distinción entre “sólo” y “solo” es que la Real Academia Española recientemente quitó la obligatoriedad de esta tilde. La Academia recomienda poner la tilde solo en casos de verdadera ambigüedad entre el adverbio y el adjetivo. Pero los observantes de la ortografía, más papistas que el papa, se quejan de que la Academia haya quitado la tilde de “solo” y viven reclamándola de regreso, como si les hubieran quitado un tesoro muy preciado.
            Los tiempos cambian, y así ha cambiado la función de la Real Academia. Desde su fundación en 1713 y la publicación del primer diccionario en 1726, su función era orientar el uso estándar de la lengua española. Entiéndase “estándar” como el uso de la lengua en lo escrito y en situaciones formales, de una manera unificada para todos los hablantes de una lengua.
Antes de 1713, por ejemplo, no existían las tildes. Los escribanos en las colonias no solo escribían sin tildes, sino que utilizaban la “z” y “s” o la “y” y la “ll” según su propio criterio. Además, el uso de las abreviaturas era tan extremo que podían encontrarse cosas como “pa q el scno Rl lo firmara” en lugar de “para que el escribano real lo firmara”.
            ¿Por qué se tardó tanto en fundarse la Real Academia, si la conquista y colonización española empezó en 1492? Pues bien, hasta 1700 España estuvo dominada por la Casa de los Habsburgo, cuyo estilo administrativo no fue muy efectivo para mantener su hegemonía. Después llega la Casa de Borbón, una dinastía de origen francés. Los borbones sí quisieron hacer sentir su poder en todo el Imperio. Reorganizaron el territorio en virreinatos e hicieron reformas económicas para unificar los mercados, y así “globalizar” la economía hispánica.
            La creación de la Real Academia responde a ese afán de globalización de los borbones. Al unificar el uso de la lengua, se consolida simbólicamente el absolutismo monárquico. Es muy significativo que los borbones, además, prohibieran el uso de lenguas indígenas, lo que demuestra la violencia de ese absolutismo lingüístico, de la mano con un proyecto político.
            Hoy en día la Academia no es la misma. Para sobrevivir, se ha visto obligada adaptarse a los cambios sociales y lingüísticos, sin perder su función orientadora en el uso de la lengua estándar. Un paso adelante es la creación de las academias latinoamericanas, que empezó a gestarse en la década de 1960. Las academias latinoamericanas emiten sus conceptos sobre el uso formal del español en los diferentes países hispánicos. Por esta influencia, la Academia ya acepta el uso de “vos” y sus conjugaciones, como “mirá” o “tenés”.
Otra función de la Academia a través de su diccionario es orientar la lectura de los clásicos. Por esta razón, la Academia no puede eliminar entradas como “ansina”, “mesmo” o “murciégalo”, que son parte del español tradicional, aunque hoy en día suenen mal. Estas entradas están en el diccionario desde el siglo XVIII.
La Academia, a través de su plataforma electrónica, no solo pone a disposición del usuario la totalidad del diccionario, sino que ofrece unos recursos muy valiosos para el conocimiento de la lengua. Mi recurso favorito es la función “conjugar”. Si usted tiene la duda sobre si se dice “yo aprieto el botón” o “yo apreto el botón”, busque la palabra “apretar” en www.rae.es 
Luego, verá un cuadrito al lado de la palabra que dice “conjugar”. Haga click en ese cuadrito. El sistema le mostrará la conjugación completa de “apretar”, con lo que puede constatar que la forma estándar es “yo aprieto”.
El diccionario de la Academia no contiene formas conjugadas. Por esta razón, buscar “apreto” o “haiga” en el diccionario no le permitirán resolver dudas sobre la conjugación estándar. Si quiere saber si la Academia acepta “haiga” como conjugación alternativa, busque “haber” y haga click en “conjugar”. No se deje llevar por la palabra “haiga” como “carro lujoso” que aparece en el diccionario como entrada principal.
Otros recursos que tiene la Academia son las bases de datos, muy útiles para los investigadores. La Academia ha recopilado y digitalizado textos escritos en castellano desde el siglo XIII hasta el presente, y todos ellos están disponibles por Internet. Los textos antiguos están en una base de datos llamada Corpus Diacrónico del Español (CORDE). Además, en la página de la Academia se pueden consultar todas las ediciones del diccionario desde el siglo XVIII. Los textos recientes se pueden encontrar en dos bases de datos: Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI).
Los recursos en línea de la Academia son totalmente gratuitos. La Academia se ha negado a vender publicidad, así que no recibe ninguna ganancia material por su labor. Es decir, el gobierno español financia el trabajo de la Academia a pesar de la crisis económica. Todos los países hispánicos disfrutamos de esa labor.
La tilde de “sólo”, entonces, tiene una carga ideológica muy fuerte para una simple tilde. Representa todo el pasado monárquico y espléndido que muchos de los colonizados todavía quieren de regreso, para sentir que hacen parte de la gloria de un Imperio que solo sobrevive en la lengua. La tilde de “sólo” nos permite olvidar que somos una serie de países fragmentados por fronteras artificiales. Cuando la misma Academia quita la tilde de “sólo”, no hace más que recordarnos esta realidad.

q y k (que)

¿‘Xq’ los jóvenes escriben con ‘k’?

Publicado originalmente en http://www.elpais.com.co/entretenimiento/xq-los-jovenes-escriben-con-k.html

Se ha puesto de moda entre las nuevas generaciones escribir “k” o “q” en lugar de “que”, costumbre que prende alarmas sobre el futuro del idioma. Muchos temen que ese estilo de escritura va a dañar el idioma, pero no se preocupen, lo máximo que puede hacer es alterar la escritura. Y la escritura no es el idioma. “k”, “q” o “que” se pronuncian igual.
            La esencia del lenguaje es oral. La escritura es apenas una tecnología reciente. El ser humano creó la escritura muchos miles de años después de haber desarrollado el lenguaje verbal. Y el sistema alfabético latino, que es el que usamos en español, se creó hace casi 3000 años. Es bastante reciente si lo comparamos con la antigüedad del lenguaje humano, del que no se ha podido establecer una fecha.
            El caso de “q” es bastante diciente porque esta representación ha ido y venido durante la historia muchas veces. En los documentos notariales y administrativos de toda la historia del español hasta el siglo XIX aproximadamente se encuentra la abreviatura “q” en lugar de “que”. Y en la imprenta se encuentra también muy frecuentemente, pero los impresores ponían una rayita arriba para recordar que era una abreviatura. Las nuevas generaciones, entonces, lo que están haciendo es una regresión colonial. Son más conservadores que los que luchan contra “q”.
            Por lo que respecta a “k”, ya García Márquez había propuesto adoptar esta letra para escribir “ke” o “ki”, y así deshacernos de esa “u” innecesaria entre la “q” y la “e” o “i”. Los que escriben “k”, entonces, de alguna forma están siguiendo las ideas del nobel colombiano de literatura. Sin embargo, la presencia de “u” tiene una tradición que nos remonta otra vez a la lengua latina.
La “u” sí tenía una pronunciación en latín. Existían las sílabas “qua”, “que”, “qui” y “quo”, y se pronunciaban “kua”, “kue”, “kui” y “kuo”. Pues bien, los hablantes de latín empezaron a eliminar la pronunciación de “u” ante “e” e “i”, pero la “u” quedó en la escritura como una reliquia de su pasado sonoro.
Además, “q” desapareció ante “o”, pero la escritura cambió a “c”: es el caso de “quomodo” que terminó en “como”. Algo parecido ocurrió con “qua”: la “q” se convirtió en “c”, pero se conservó el sonido “u”. De ahí la palabra “cuatro” o “cual” que vienen de “quattuor” o “qualis”.
Por su parte, abreviar “que” a “q” o usar “x” para representar la sílaba “por” es mucho más que mala ortografía, es la introducir de un sistema de escritura diferente: de uno alfabético a uno silábico. En el sistema silábico, cada signo representa una sílaba, como es el caso del sistema “hiragana” del japonés.
Y cuando se usa un emoticón, se pasa al sistema ideográfico, en que cada símbolo representa un concepto, como el japonés y el chino. Si estas lenguas tienen un signo para la palabra “amor”, también lo tiene el emoticón, con el signo de corazón. Escribir “t[corazón]” para “te amo” es una combinación de ambos sistemas: “t” es sistema silábico y [corazón] es sistema ideográfico.
Imaginemos al primero que se le ocurrió en la edad media cambiar la “q” por “c” en “cuatro”. Es posible que hubiera sido una persona joven que puso la moda, y los viejos le dirían: “los jóvenes no saben escribir”, como les decimos los viejos a los jóvenes hoy en día. Pero hoy en día escribimos “cuatro”, “como” y “cual” sin saber que pudieron ser formas polémicas en el tiempo que fueron introducidas, tan polémicas como escribir “k” por “que”.
La letra “k” parece agregarle un toque moderno muy “cool” a la escritura juvenil. De hecho, “k” se usa principalmente en extranjerismos como “bikini” (del inglés), “karate” (del japonés) o “kiwi” (del maorí). Al hablante de español todo lo extranjero le suena moderno, y por eso “k” tiene ese simbolismo.
La letra “k” no existía en alfabeto latino. Proviene de la letra griega “kappa” y se incluyó en el latín para representar palabras provenientes del griego. Es decir, desde la antigüedad “k” ha tenido un toque extranjero. De hecho, ser griego era muy “cool” en la antigüedad.
En mi experiencia de docencia universitaria, en todo caso, no he visto que los jóvenes usen “k” o “q” para escribir “que” en un ensayo académico. Al menos los que me tocaron a mí saben diferenciar muy bien el estilo académico o formal, del estilo informal que usarían con sus amigos en las redes sociales. Pero a lo mejor alguien tenga una experiencia diferente.
A pesar de todo, no me extrañaría que futuras generaciones terminaran aceptando las formas “q” o “k” en el lenguaje académico. Estas generaciones serán los viejos del futuro y escribir “q” o “k” será cosa de viejos. Los jóvenes rebeldes del futuro tal vez decidan volver a escribir “que” como algo muy novedoso. La historia gira en espiral.

Guayabo Maluco

¿Por qué en Cali le decimos 'guayabo' a la resaca? Se lo contamos

Publicado en http://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/por-que-en-cali-le-decimos-guayabo-a-la-resaca-se-lo-contamos.html

Palabras muy necesarias para describir los efectos de las fiestas decembrinas, son “maluco” y “guayabo”. La palabra “maluco” se refiere a una sensación de malestar general e indeterminada en el cuerpo: puede referirse al dolor de cabeza, mareo, cansancio general o desarreglos digestivos. La palabra “guayabo” es más precisa: se refiere al malestar que deja el alto consumo de alcohol en el cuerpo posterior al estado de embriaguez, que en español formal se dice “resaca”.
            Ambas palabras con estos sentidos son muy propias del español colombiano. “Guayabo” para designar “resaca” se usa solo en Colombia, según la Real Academia. Otras regiones hispanoamericanas tienen sus propios vocablos coloquiales como “chuchaqui” en Ecuador, “ratón” en Venezuela o “cruda” en México. Por su parte, “Maluco” para referirse al malestar en el cuerpo, hasta donde tengo conocimiento, se usa principalmente en el español vallecaucano. En Antioquia y el Caribe significa “feo”, como indica el Wiki-diccionario Así Hablamos y el testimonio del escritor antioqueño Tomás Carrasquilla a principios del siglo XX.
Curiosamente, “maluco” en portugués brasilero significa “loco”. Tenga cuidado si un brasilero le pregunta: “¿Você está maluco?”, porque está siendo sarcástico sobre su capacidad de raciocinio mental. Los brasileros atribuyen el origen de esta palabra a influencia africana, pero es más plausible considerar que surgió en la península Ibérica. Recordemos que la lengua portuguesa está emparentada con el español, por su continuidad geográfica en la península. Más o menos hasta el siglo VIII o IX eran casi la misma lengua. Por eso, el origen del significado en portugués es muy probable que esté relacionado con el sentido que tiene en español colombiano.
            El origen de la palabra “maluco” es simplemente la palabra “malo” más el sufijo despreciativo “-uco”, que se usa sobre todo en una región norteña de España que se denomina Cantabria. Este sufijo está relacionado con “-ucho”, como en “casucha” o “librucho”. En su origen, “maluco” se refiere a algo malo sin importancia o sin gravedad. Por eso, en España se dice “malucho” para significar estar un poco malo del cuerpo.
Como la palabra “maluco” tenía un alcance tan general, en diversas regiones fue especificando su significado hasta convertirse en sinónimo de “loco” en portugués, como atestigua el actual uso brasilero. En regiones hispanoamericanas como Colombia y Venezuela, pues, se aplicaría el sentido despreciativo de “malo” sin importancia a algo simplemente feo, y en el Valle del Cauca se crearía el sentido de malestar corporal. Tanto en el Valle del Cauca como en Brasil “maluco” se refiere a un estado de enfermedad, pero en el primero es corporal y en el segundo es mental. Es posible que el origen de este significado se encuentre en los primeros pobladores españoles que provinieran de la región nororiental de España.
La palabra “guayabo”, según la Real Academia, proviene de las lenguas indígenas arahuakas que se hablaban en las islas del Caribe a la llegada de los españoles, para designar el árbol del mismo nombre. La “guayaba”, como es lógico, se refiere a su fruto. En casi todas las regiones de Hispanoamérica “guayaba” tiene el sentido de “mentira” o “embuste”. Es un sentido metafórico que se deriva de una característica de la guayaba: cuando está podrida o llena de gusanos por dentro, por fuera parece que estuviera en buen estado.
La palabra “guayaba” fue aprendida por los pobladores españoles de América desde muy temprano en el siglo XVI y, mientras fueron colonizando otras regiones, ya la llevaban incorporada a su lenguaje. Es posible que el significado de “mentira” o “embuste” se hubiera incorporado desde el comienzo de la colonización español en América, como muestra la gran extensión geográfica de este significado. El sentido colombiano de “resaca” probablemente se formó mucho tiempo después.
En su diccionario de vallecaucanismos, Leonardo Tascón dice que “guayaba” se refiere a una persona enferma y achacosa que parece saludable. Es una extensión del mismo sentido de falsa apariencia que tiene en el resto de Hispanoamérica, pero en el Valle del Cauca los hablantes hicieron énfasis en el sentido de enfermedad, que se oculta en una buena apariencia. Aunque Tascón se refiere al Valle del Cauca, es posible que el sentido de malestar del cuerpo existiera también en otras regiones de Colombia, aunque él lo desconociera.
Posteriormente la metáfora de “guayabo” como enfermedad se especializó mucho más, dividiéndose en dos sentidos: uno de “tristeza”, como enfermedad del alma, que aparece también en Venezuela según el escritor Rómulo Gallegos en 1935, y uno muy restringido de enfermedad del cuerpo que se padece como consecuencia de la intoxicación con el alcohol, que es el que se forma en Colombia. En portugués, el sentido de “enfermedad” se especializó en el significado de “enfermedad de la mente”.
           Así pues, si después de una noche de fiesta usted tiene “guayabo” o se siente “maluco”, podrá estar satisfecho con recordar que el español pasó por un camino muy complejo de evolución y especialización metafórica que le permiten expresar con gran precisión los dos sentimientos.

Dijistes, fuistes...

Publicado en El País de Cali, 12 de marzo de 2017. Link por confirmar.

La cantante española Lola Flores, que nos deleitó con música popular española en la década de 1960, dice en su canción “Limosna de amores”: “Yo debí serrano cortarme / las venas
cuando entre los ayes de una copla mía / pusistes en vilo mis carnes morenas / con una palabra que no conocía...”. Esa “s” al final en “pusistes”, de hecho, se escucha como una “jota”: “pusistejenvilo”. Y sí, es española y dice “pusistes”.
Recuerdo que mi abuela decía esa “s” todo el tiempo. Era la única forma como decía el pretérito de segunda persona singular. Nunca le escuché decir un “dijiste”, “pusiste” o “trajiste”. Sin embargo, entre sus hijos solamente uno de ellos se lo aprendió, pues lo dice constantemente. Los demás parecen haber aprendido muy bien de la escuela a no decir la “s” final del pretérito.
Poner la “s” en “pusistes” o en cualquier forma de pretérito, como “dijistes”, “fuistes”, “salistes”, “amastes”, “vinistes”… es un uso tan común en España como en toda Hispanoamérica. Sin embargo, en contextos formales o académicos no se acepta como correcta. En español estándar se prescribe “tú dijiste” o “vos dijiste” sin “s” como la conjugación aceptable. Tanto es así que Word me borra insistentemente la palabra “dijistes” cada vez que la escribo y tengo que regresarme a ponerla de nuevo para este artículo.
            A pesar de todo, “dijistes” o “fuistes” no es un error propiamente dicho, sino una conjugación alternativa de la segunda persona singular del pretérito. Sin embargo, por no aceptarse en el estilo formal, se considera una forma no estándar.
            Tanto la conjugación con “s” como sin “s” provienen del latín. Es decir, “amastes” es tan antiguo como “amaste”. Los que dicen “amastes” lo hacen por tradición y no por equivocación. Lo que pasa es que la “s” del pretérito en la segunda persona era una conjugación plural en latín, y no singular.
En latín hablado, la segunda persona plural de pretérito contenía un morfema “-stis”, para el pronombre “vos”, que también era plural. Es decir, se decía “vos amastis” o “vos cantastis” en latín hablado. Como se puede observar, de “cantastis” a “cantastes” solo hay un pequeño cambio de sonido: la “i” se cierra un poco y se transforma en “e”. De ahí que “cantastes” es la conjugación más cercana al latín.
El pronombre “vos” se fue transformando en singular a finales de la edad media, hasta convertirse en nuestro “vos cantastes”. En España y luego en todo Hispanoamérica se usó normalmente el “vos” como forma de confianza, incluso en lugares donde hoy no existe, como en México, el Caribe y Perú.
“Dijsites”, “fuistes”, “salistes” constituyen la conjugación correcta del pronombre “vos”. Entonces, si alguien habla de “vos”, comete un error al decir “vos dijiste”, “vos fuiste” o “vos saliste”. Es al revés de lo que pensaríamos: decir “vos dijiste” sería incorrecto y “vos dijistes” lo correcto. Mi abuela y mi tío estarían en lo correcto y todos los demás estaríamos equivocados.
Hay quienes piensan que “tú dijistes”, “tú fuistes” o “tú pusistes” como ocurre en la canción de Lola Flores sí sería un error. Sin embargo, el filólogo colombiano Rufino José Cuervo piensa que esta conjugación con el pronombre “tú” es un préstamo morfológico de la conjugación de “vos”. En ese sentido no sería tan equivocado, sino producto de la misma tradición que decir “vos dijistes”.
            Yo hice una búsqueda en archivos históricos y escritos literarios para encontrar formas de “vos” y curiosamente encontré que la “s” del pretérito era una forma común… ¡hasta mediados del siglo XX! O sea que hasta ese momento no se consideraba del todo incorrecto. El académico venezolano Andrés Bello en el siglo XIX afirma que personas de alta cultura utilizan “dijistes”, pero ya no le agrada del todo. Es decir, no se atreve a rechazarlo del todo.
¿Por qué empezó a considerarse incorrecto? Esta época coincide con la aceptación académica del uso de “vos” en Argentina, como encuentra la investigadora Norma Carricaburo. Los argentinos encuentran que “vos dijiste” suena más correcto por parecerse a una forma de tú, y promueven el uso exclusivo de la forma sin “s”.

Descachalandrado Replanchingado


Muchos de los que crecimos con la abuela vallecaucana hemos tenido la posibilidad de admirar su creatividad a la hora de reprocharnos nuestras actitudes hacia el vestir o el trabajar. Si uno fuera a salir de la casa con una camiseta rota, una sudadera sucia y el pelo con serias muestras de no haber pasado por la ducha o el cepillo, la abuela diría: “¿Va a salir así todo descachalandrado?”. Y si uno estuviera echado en el sofá viendo televisión, con la barriga explayada y sin intención de trabajar, la abuela diría: “Venga ayúdeme con el oficio en vez de estar ahí todo replanchingado”. Pues bien, estos no son términos inventados por la abuela, aunque lo parezcan, sino que forman parte de una tradición muy larga que se podría rastrear desde España.
            La palabra “descachalandrado” proviene del término “descachalado” o “escachelado”, que se usaría en el español de Galicia, una región que queda en el noroccidente de España, según anota el filólogo Rufino José Cuervo. El punto de partida sería la palabra “descachar” que proviene del prefijo “des” en su sentido de “exceso o demasía”, y la palabra “cacho”, en su sentido de “pedazo, trozo”, según el Diccionario de la Real Academia. La palabra “chacho” en este sentido viene del latín vulgar “cacculus”, así que es posible que en algún momento se dijera “cacholo” en vez de “cacho”. Así pues, la suma de “des” (=exceso) + “cacholo” (=pedazo) daría una palabra “descachalar”, que significaría “hacer trozos una prenda de vestir”. “Descachalado” significaría estar vestido con una prenda hecha trozos, y por este camino metafórico siguió el significado que se le da de estar mal vestido y desaseado.
            ¿Cómo se pasó entonces de “descachalado” a “descachalandrado”? Lo más seguro es que la palabra se hubiera fusionado con el término “andrajo”, que significa pedazo de tela, la cual proviene del árabe hispánico “ḥaṭráč”. La suma de “descachalar” + “andrajo” daría como resultado “descachalandrajar” y “descachalandrajado”. De hecho, la palabra “descalandrajado” (sin la “ch”) está aceptada por la Real Academia.
Y surge una pregunta más: ¿cómo se pasó de “descachalandrajado” a “descachalandrado”? Es posible que la palabra “andrajo” hubiera perdido la terminación “ajo” por considerarse un sufijo que se pudiera eliminar fácilmente, así como a “escupitajo” puede quitársele el sufijo y quedar “escupa”.
            La palabra “descachalandrado”, si bien se tiene como palabra vallecaucana en el diccionario de vallecaucanismos de Leonardo Tascón, la Academia acepta “descachalandrarse” en Colombia, Venezuela, República Dominicana y Centroamérica. Por la gran extensión geográfica de la palabra es posible conjeturar que así la usaban los españoles que poblaron la región desde la conquista y la colonia, y así se quedó. Es posible que muchos de ellos provinieran de la región noroccidental de España, donde queda Galicia. Sin embargo, parece que ya no se usa en España.
            Por su parte, la palabra “replanchingado” también proviene del latín y de algunas adiciones posteriores hechas por la creatividad de los hablantes. Para rastrear su origen, también hay que examinar el verbo relacionado, que es “replanchingarse”. La Real Academia acepta “repantingarse”, que significa “arrellanarse en el asiento para mayor comodidad”. “Repantingado” es, entonces, estar echado cómodamente en el asiento. El verbo proviene de la suma del prefijo “re”, que denota intensificación, y el latín “panticis”, que significa “panza”. Así pues, “repantingarse” es poner presión sobre la panza o la barriga, que sería el efecto corporal resultante de recostarse en un asiento.
Así pues, lo novedoso del español vallecaucano es la adición de una “l” y una “ch” al vocablo original español. Para Cuervo, estas adiciones derivan de una fusión con otra palabra, que muy probable sería “plancha”, que significa lo que todos sabemos: pieza plana y pesada, no muy gruesa, generalmente de metal. La palabra “plancha” se introduciría en medio de “repantingado” para dar “replanchingado”. Así se acrecienta la fuerza expresiva de la palabra, pues sugiere la idea no solo de estar recostado, sino de estarlo como una plancha con la barriga explayada sobre el asiento. La comparación con la plancha refleja el peso y la modorra con que se manifiesta la actitud con la que se está recostado: la poca motivación de hacer cualquier oficio.
Mientras “descachalandrado” parece haber llegado así con los primeros pobladores españoles, “replanchingado” sí parece ser una creación autóctona. Los primeros pobladores españoles decían “repantingado”, y sus descendientes crearon a partir de allí “replanchingado”. Esto debió ocurrir en el siglo XVII y XVIII, pues en el siglo XIX ya Cuervo la incluye como un vocablo de uso común. El filólogo Tascón la considera propiamente vallecaucana, mientras que Cuervo sugiere que es bogotana, así que su origen regional está en disputa.
En resumen, la palabra “descachalandrado” proviene del gallego “descachalar” y el árabe hispánico “andrajo”, que se fusionaron y crearon una palabra traída por los colonizadores españoles. Estos también trajeron la palabra “replantingado”, que posteriormente sus descendientes transformaron en una forma mucho más expresiva. Por eso, cuando la abuela dice que uno está “replanchingado”, logra expresar tantas cosas a la vez.

Wednesday, April 5, 2017

Verraco (II)

La palabra “verraco” designa originalmente al cerdo no castrado en España e Hispanoamérica, pero en Colombia significa “enojado”, “difícil” o “trabajador, emprendedor”. Aunque la academia acepta la escritura “verraco” por imitar la escritura del latín, la forma “berraco” parece bastante aceptada, pues en la historia del español aparece registrada 56 veces, mientras que “verraco” 53 veces. Es posible que esto se deba a que la “b” parece tener un simbolismo más relacionado con la fuerza e impetuosidad que se sugiere en la palabra.
¿Cómo surgió el significado metafórico que se le da en Colombia? Parece que en la edad media la palabra “verraco” era un apodo para designar a un criado que manifestara una masculinidad impetuosa (Thayer Ojeda, CORDE). Es un origen despectivo y clasista, porque compara a los criados con marranos. Sin embargo, en hablantes antiguos de territorio colombiano la masculinidad impetuosa ha debido empezar a percibirse como un elogio, y así se resignificó la palabra. Entonces el origen pudo haber sido más antiguo de lo que se dijo en la entrada verraco.
            La palabra “verraco” se sigue resignificando. En el plebiscito del 2 de octubre en que los colombianos votaron si aprobaban el acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc, el partido político que se opuso a este acuerdo realizó una campaña para que la gente votara “no”. El jefe de campaña JuanCarlos Vélez Uribe manifestó que esta campaña consistió en hacer que la gente saliera a votar “verraca”. 
            Pues bien, recientemente “verraco” y sus derivados se han usado para deslegitimar acciones políticas de la derecha. En noticias sobre el triunfo presidencial en Estados Unidos de Donald Trump, he leído comentarios que dicen que los estadounidenses salieron a votar “verracos”.

Posteriormente al plebiscito, el gobierno renegoció el texto del acuerdo con las Farc y buscó refrendarlo en el congreso. El senador Álvaro Uribe Vélez, líder del parido político que se opuso al proceso de paz, intentó sabotearlo en el congreso con la ausencia de su partido.
El dibujante Matador realizó una caricatura en el senador Álvaro Uribe Vélez, decía que votaría “enberracado”. El caricaturista pone "n" antes de "b" para aludir a la otra ortografía de la palabra ("enverracado"), quedándose con la "b" por su mayor simbolismo de agresividad.

Ya lo dice el bloguero: "Finalmente: ustedes habrán notado que, a pesar de que todavía no ha sido dirimido el conflicto, yo prefiero escribir "berraco", en el sentido colombiano de la expresión, en vez de "verraco", aunque la Academia diga lo que le dé la gana. Lo hago por una razón muy sencilla: porque una palabra tan berraca no se puede escribir con una "v" corta..." (véase texto aquí).
A raíz de la marcha uribista del primero de abril de este año, leí en diversos medios y comentarios que la gente salió a marchar “emberracada”, para aludir a una actitud irracional y altamente emocional de las personas que profesan ideología de derecha.
¿Será que “verraco” se vuelve sinónimo de "derechista tonto", como “mamerto” lo es de "izquierdista tonto"?