Sunday, May 21, 2017

Usted

El “usted” en Colombia tiene dos significados contradictorios: se usa para expresar respeto en ciertas ocasiones, pero en otras sirve para expresar confianza. Llamar de “usted” a los hijos, a la esposa o a un amigo cercano es una de las características más representativas del español colombiano. Los extranjeros que ven telenovelas y series colombianas ven como un exotismo colombiano el uso de “usted” hacia una persona de confianza. Es más frecuente en el español de la región andina, en contraposición al español del Caribe, donde prevalece el uso de “tú”.
            El pronombre “usted” de respeto proviene de “vuestra merced”, que surgió en el español del siglo XV en España. Recordemos que “vos” tenía un sentido de respeto en el español medieval, pero luego empieza a usarse también en situaciones de confianza hacia el siglo XV. Para evitar esta ambigüedad, los hablantes españoles crearon un compuesto de “vuestra”, el pronombre posesivo de “vos”, junto con “merced”, que significa “voluntad”.
            “Vuestra merced” es una manera de dirigirse a una persona de manera indirecta, pues es en realidad una tercera persona. No se refiere directamente a la persona, sino que se alude a su voluntad de atender lo que se le está diciendo. Esta “voluntad” de la persona es otra entidad lingüística.
            Poco a poco fueron introduciéndose otras formas de tercera persona. Al principio se decía “vuestra merced cantáis”, pero luego se fue introduciendo: “vuestra merced canta”. Nótese que el verbo “canta” es igual a “él/ella canta”. Al comienzo se decía “este es vuestro hijo” y luego, al evolucionar el lenguaje, se empezó a decir “este es su hijo”. Nótese que el “su” de “él/ella” es igual al “su” de “usted”.
            El “vuestra merced” se popularizó en el siglo XVI. Se usaba con tanta frecuencia que muchas personas eliminaban sonidos de este compuesto tan largo. Surgieron en el siglo XVII formas como “vuesanced”, “vuesasted”, “voacé” y, por su puesto, “vuested” y “vusted”, de donde surge “usted”. Posteriormente sobrevivió solamente “usted”.
            Formas colombianas como “vustéd” y “sumercé”. Así mismo, conviene explicar cómo surgió el “usted” de confianza, que se relaciona con el surgimiento de “sumercé”, como lo haré en otro momento.

Monday, May 15, 2017

Ñapa

La palabra “ñapa” se usa tanto en Colombia como en una amplia región suramericana de influencia principalmente andina. Se refiere a un pequeño agregado gratis que un vendedor agrega a una venta. Es como un regalo pequeño que el vendedor ofrece en compensación a un cliente que ha hecho una buena compra. Es una práctica común en los mercados indígenas. Por esta vía, se convirtió en una práctica común en la transacción comercial informal de la cultura hispanoamericana.
La palabra, de hecho, es de origen quechua. Proviene de “yapa”, que significa “ayuda” o “aumento”. El quechua es una lengua indígena que se extendía por una amplia región que incluía Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina, lo que coincide con la zona del imperio incáico, que llegaba hasta el suroccidente colombiana. Por esta razón, la palabra se encuentra extendida por estas regiones, y en Colombia también.
Los españoles que colonizaron New Orleans en Louissiana introdujeron en esta región la palabra y la práctica cultural asociada. Los franceses que habían conquistado Louissiana incorporaron la palabra a su lengua en su compuesto “la ñapa” (con el artículo “la”) y de ahí surgió “lagniappe”. En francés se pronuncia “lañáp” (véase más información aquí). Esta práctica comercial atraía compradores a Louissiana, motivados por la idea de recibir una cosita extra de su compra.

En Latinoamérica, un cliente que hace una buena compra no solo espera recibir su ñapa, sino que puede exigirla en caso de no recibirla: “¿Y no me va a dar ñapa?”, lo cual se considera una exigencia justa. El vendedor, pues, responde con la acción de encimar una cosa extra sin contrariarse o sorprenderse de que se le pida algo por lo que no ha pagado.

Sunday, May 7, 2017

Mitos - Español de España

6 mitos sobre el español que usted siempre creyó

Publicado en El País de Cali

Es cierto que el español que hablamos en América proviene de España, pero dos siglos de independencia política nos han distanciado hasta el punto que desconocemos cómo se habla allá en la Península.
Hemos escuchado a músicos españoles famosos como los de Mecano, Alejandro Sanz o José Luis Perales, hemos visto películas del cineasta José Almodóvar o nos hemos topado con algún doblaje español en el bus de Cali a Bogotá. Famoso es el mito según el cual Luke Skywalker, héroe de Starwars o La guerra de las galaxias, fue traducido al español como “Lucas Trotacielos” en algún doblaje.
A pesar de todo, sigue existiendo una gran distancia entre España con respecto a Hispanoamérica, tanto que los hispanoamericanos estamos llenos de creencias falsas sobre el español que se habla en la Península.
            Mito 1: Todos los españoles hablan español
            En España hay hablantes nativos de otras lenguas que no son el español: el gallego, el asturleonés y el catalán, que es la que hablan los jugadores del Barça y la que aprenderán los hijos de Shakira. En España hay regiones muy aisladas donde hay personas que hablan alguna de estas lenguas y no español.
Lo que hoy se conoce como “español” es resultado de una variedad medieval del latín, la que se hablaba en el reino de Castilla o “castellano”. En la Península había otras maneras de hablar latín según la región, como si fueran “acentos” del latín, según la región: en Galicia se formó el gallego; en León y Asturias, el asturleonés; en Navarra y Aragón, el navarroaragonés, que evolucionó en catalán.
Los castellanos lideraron la guerra contra los musulmanes que habían invadido el sur de España en el siglo VIII. Por esta razón, la variedad castellana de latín se extendió al sur de España y también dominó sobre las demás regiones. En el sur de España había otras variedades de latín, pero estas desaparecieron sin dejar rastro.
            Mito 2: El catalán es un acento del español
            Lo anterior nos lleva a desmontar el mito de que el catalán es un dialecto del español. Lo digo porque en una noticia sobre Shakira, de hecho, leí que ella había insultado a un periodista en “acento” catalán.
            El catalán tal vez era un acento del latín en la edad media temprana, pero que se volvió tan diferente de otros que se convirtió en una lengua con derecho propio como el francés, el italiano y el portugués. De hecho, el francés y el italiano también fueron acentos del latín y hoy son lenguas diferenciadas.
            Es cierto que el catalán se parece mucho al español, pero se parece no porque sea un acento del español, sino porque tanto el español como el catalán provienen del latín. El portugués también se parece mucho al español por la misma razón. De hecho, resulta risible, pero muy ofensivo para los catalanes, decir que su lengua es un acento del español.
            Mito 3: Los españoles hablan mejor español que los latinoamericanos
            O alguien puede pensar que el español de España es mucho peor que el de los latinoamericanos, todo depende de la posición política que se asuma. Un latinoamericano a quien le guste mucho la forma como hablan los españoles seguramente tiene un pensamiento más conservador, que esconde un anhelo por volver a ser colonizado; a un latinoamericano que le moleste el acento español, seguramente tiene un pensamiento más progresista y libertario.
            Lo cierto es que los españoles aceptan como formas normales de hablar algunas cosas que suenan mal a un latinoamericano. Por ejemplo, los españoles dicen “cansau” por “cansado” y no suena mal, pero a un latinoamericano esto le sonaría muy informal o incorrecto. Los españoles, además, usan muy poco el pronombre “usted” y prefieren el “tú” incluso en situaciones formales.
            Mito 4: Los españoles hablan todo con una ese carrasposa
            Cuando un latinoamericano trata de parodia el habla española, generalmente lo hace enrollando la lengua para decir las eses y producir un silbido carrasposa en todas ellas. Esa ese especial que usan los españoles en realidad son dos sonidos diferentes: uno, para las palabras que se escriben con “s”, y otro, para las que se escriben con “z” o “ce” y “ci”.
            No es que los españoles tengan tan buena ortografía que hablan como escriben, no. Es que la ortografía moderna se basa en el sistema de pronunciación peninsular. La pronunciación fue primero y luego la ortografía, nunca al revés.
            El sonido para “z” y “ce/ci” se hace poniendo la lengua entre los dientes incisivos y soltando una especie de silbido. El sonido para “s” es el que suena como carrasposo, pero no es en toda España, sino especialmente en el norte de España. En el sur de España la pronunciación de esta “s” es más parecida a la de América. Incluso, en muchas regiones del sur no existe la diferencia con “z”, siendo su pronunciación exacta a la de un latinoamericano.
            Mito 5: Los españoles usan “vos”
            Ese uso de “vos” con “-ais”, “-eis”, “os” y “vuestro” que tanto usamos los latinoamericanos en las oraciones religiosas nos parece tan formal que pensamos que se usa en España comúnmente (además porque pensamos que allá hablan mejor). No es verdad. En España no existe el “vos” en ninguna región, contexto o estilo.
            El uso de “vos” en el discurso religioso proviene de la época medieval en que “vos” sí era respetuoso. En España sí existió, pero este uso respetuoso desapareció porque se volvió informal hacia el siglo XV. Luego, el “vos” respetuoso solo quedó en los textos. Esta tradición textual influenció el discurso religioso y por eso solo en ese contexto se usa “vos” en Hispanoamérica.
            Los españoles sí usaban el “vos” de respeto, pero solo en la edad media. Hoy en día ese uso ya no existe.
            Mito 6: El “vosotros” es más formal que el “ustedes”
            Y como se piensa que en España se usa “vos” en un sentido formal, se piensa también que “vosotros” es también formal. El pronombre “vosotros”, en sí, es un pronombre informal, o sea que se usa para hablarles a un grupo de amigos o a personas de estatus inferior, como un profesor a sus estudiantes. Además, es un pronombre plural, es decir, solo sirve para dirigirse a varias personas. Muchos imitadores del español de España usan “os” y “vuestro” para dirigirse a una sola persona y esto es un error técnico muy básico.

            En conclusión, si alguna vez usted va a parodiar el acento de los españoles, no diga: “Ey, Lucash Trotashielosh, ¿vaish a venir a la nave?”, porque la “c” de “cielos” es diferente de las eses, y los españoles nunca usarían “vais” para dirigirse a una sola persona. Ponga la palabra “tío” y eso sí será buen acento español.

Thursday, May 4, 2017

Sumercé

Tome chicha sumercé

Publicado en El País abril 30/2017

            Caminando por las calles de La Candelaria, en Bogotá, encontré un anuncio que decía “Tome chicha sumercé”, con los colores y el estilo de letra de cierta marca de gaseosa norteamericana. Me pareció muy ingenioso, porque promovía el consumo de la chicha como licor tradicional autóctono, parodiando la publicidad de una bebida extranjera, lo que constituía una afirmación de identidad regional. La palabra “chicha”, en todo caso, ni siquiera es de origen autóctono, pero esta es otra historia.
Durante mucho tiempo “sumercé” estuvo relegado al habla de clases sociales bajas, lo que podría haber conducido a su desaparición, pero las nuevas generaciones de clase media y alta han revitalizado su uso. El “sumercé” se ha convertido recientemente en un símbolo del ser bogotano. Sin embargo, no es un pronombre tan bogotano como los bogotanos quisieran creer.
El “sumercé” es una forma de pronunciar “su merced”. En español es normal que la “d” al final de una sílaba se pronuncie tan suave que desaparezca. De hecho, en la conversación informal, la gente dice “ciudá”, “usté” y “universidá”. Los que tratan de hablar bien hacen una “d” tan fuerte que termina siendo “t”, diciendo “ciudát”, “ustet” y “universidat”. La “d” al final de la sílaba como tal es muy difícil de pronunciar para cualquier hispanohablante.
            El “su merced” empieza a formarse en España en el siglo XV, esto es, a finales de la edad media. En esa época existía otro pronombre que servía para expresar respeto, y era “vos”, pero ya muchas personas lo usaban en situaciones de confianza. Usar “vos” en situaciones de respeto empezaba a ser peligroso porque daba lugar a la ambigüedad.
            La estrategia que crearon los medievales para evitar la ambigüedad fue inventar una manera aún más respetuosa, y esta fue “vuestra merced”. De esta manera, no se dirigían directamente a la persona, sino a su voluntad de acción, pues “merced” significaba “voluntad”. Así se creaba una respetuosa distancia.
En todo caso, este pronombre todavía tenía “vuestra” que era el posesivo del pronombre “vos”.  Posteriormente se creó entonces “su merced”, que era todavía más respetuoso, pues ya se usaba “su” en vez de “vuestra” y ya no había rastros del pronombre “vos”. Sin embargo, el pronombre “vuestra merced” era el más común.
“Vuestra merced”, en el siglo XVI, se hizo tan popular que la gente empezó a pronunciarlo tan rápido que la gente decía cosas como “vuesasted”, “vuested” y finalmente “usted”. Entonces el “usted” de hoy en día es una forma mal pronunciada de “vuestra merced”.
Nótese que la conjugación de “usted” y “sumercé” es igual a la de “él” y “ella”: “¿Sumercé/usted tiene un lapicero que me preste?”, igual a “¿Él tiene un lapicero que me preste?”.
Entonces, en el siglo XVII, existía “usted” como pronombre de respeto y “su merced” como un tratamiento mucho más respetuoso. Y así se usó probablemente en toda Hispanoamérica, y en Colombia, hasta mediados del siglo XX.
Si ustedes leen novelas antioqueñas y vallecaucanas, encontrarán que “sumercé” era bastante común. Por ejemplo, el escritor antioqueño Tomás Carrasquilla lo pone en boca de hablantes campesinos que se dirigen a personas de mayor rango social. En María, del escritor vallecaucano Jorge Isaacs, los empleados afrodescendientes se dirigen a sus patrones con “sumercé”.
“Sumercé” es un pronombre demasiado servil para sobrevivir a las ideas progresistas que surgieron después de la independencia, y por eso se fue relegando a las clases bajas. Estas mantuvieron arraigado en su sistema lingüístico las férreas jerarquías sociales de la colonia.
A mediados del siglo XIX, las clases medias que surgieron después de la independencia de Colombia rechazaban todo lo que sonara monárquico, en un proyecto ideológico de distanciarse de todo lo que recordara el pasado colonial. A este movimiento perteneció el escritor bogotano Eugenio Díaz, el autor de Manuela. Díaz es un escritor más interesante de lo que nos muestran en el colegio, la manera como retrata los cambios sociales es única entre los escritores de su época.
Al contrario de lo que ocurrió en el resto de Colombia, en Bogotá “sumercé” sobrevivió por mucho más tiempo, a pesar de los esfuerzos de ideólogos como Eugenio Díaz. Como decía mi profesor José Joaquín Montes, la supervivencia de “sumercé” refleja unas jerarquías sociales más rígidas. Es decir, en Bogotá sobrevivió el “sumercé” por ser una sociedad más desigual que Antioquia y el Valle del Cauca, con más distancia entre clases sociales. Para los bogotanos había que exagerar más el respeto y emplear “sumercé”.
A finales del siglo XX, el “sumercé” era frecuente entre personas de origen campesino, herederos de ese sistema lingüístico de servidumbre. Deja de ser políticamente correcto porque nos recuerda una gran desigualdad social.
Entonces “sumercé” resucita renovado en las clases medias bogotanas. Cuando estas personas lo utilizan, ya significa otra cosa. Ya no es el pronombre servil de quien agacha la cabeza ante su patrón, sino el pronombre amable que expresa camaradería entre amigos cercanos, incluso un pronombre irónico que parodia el respeto de antaño y sirve para hablar en sentido figurado.
Los bogotanos se apropiaron de “sumercé” con esta renovación semántica, pero no es un pronombre bogotano. El “sumercé” nos pertenece a todos, españoles e hispanoamericanos, siendo los bogotanos quienes supieron darle nueva vida.