Sunday, November 11, 2018

Marica



En Bolivia se ha gestado un movimiento entre los indígenas de la comunidad LGTB que se autodenomina “Movimiento Maricas Bolivia”, surgido en 2011. Sí, y usan la palabra “marica”, que suena tan grosero, despectivo, tan políticamente incorrecto. Es un fenómeno que se llamaba “resignificación” y pone patas arriba todo el fenómeno de los eufemismos.
             Usar LGTB o el sofisticado “gay” puede ser considerado eufemismo, pues busca una manera más elegante de nombrar a una comunidad tradicionalmente vilipendiada por una sociedad que los llama despectivamente “maricones”.
La sigla LGTB busca incluir la mayor cantidad de posibilidades de orientación sexual, para evitar cuidadosamente que alguno se sienta excluido: Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales. Pero después se dieron cuenta de que quedaban por fuera los Intersexuales, aquellos que nacieron en una situación intermedia entre hombre o mujer, o los Questioning (Preguntándose), que no han definido su orientación sexual. El nuevo término es LGTBIQ.
En español, además, el uso de una palabra inglesa “gay” permite darle cierta sofisticación a la realidad que se menciona. Como en vez de “paseo de olla” le llamamos “picnic” o en vez de “paparrucha” decimos “fake news”; o no le llamemos “pupitrazo” a aprobar rápidamente una ley, llamémosle “fast track”. O no digamos proaborto, llamémonos “prochoice” (proelección), ni antiabortista, sino “prolife” o su traducción “provida”.
En este orden de ideas va la crítica que propone el Movimiento Maricas Bolivia con respecto a la palabra “gay”. En el video publicado en youtube, Edgar Solís afirma que todo el discurso respecto al género está influenciado por la cultura anglosajona y es de corte burgués. La palabra “gay” le suena muy referido a los maricas norteamericanos de clases acomodadas.
Los homosexuales pobres e indígenas tienen mucho más que decir al respecto. Son una población triplemente marginada por su orientación sexual, clase socioeconómica y procedencia étnica. Al interior de las mismas comunidades indígenas ya existe un estigma muy fuerte contra los homosexuales, que no encuentran cobijo ni en sus comunidades indígenas ni en la sociedad general, y terminan totalmente marginados, prosigue Solís.
La palabra para marica en aymara (lengua indígena de Bolivia) es “k’eusa” y Edgar Solís deja entender que la mejor traducción sería “marica”.
La palabra “marica”, según el diccionario de la Real Academia, proviene de “María” y viene a ser su diminutivo. Recordemos que en español existe el diminutivo con “c”, como en “zapatico” y “maletica”. Pues bien, seguramente por ser un nombre común de mujer se aplicó con el diminutivo a los hombres que exhiben características femeninas. El diminutivo le da el sentido peyorativo.
En la base de datos histórica de la Real Academia, la primera documentación clara de la palabra en el sentido despectivo de “afeminado” aparece en 1599 en la novela picaresca Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán: “Como entienden que no los conocen, piensan que en engomándose el bigote y arrojando cuatro plumas han alcanzado la nobleza y valentía, siendo unos infames gallinas, pues no pelean plumas ni bigotes, sino corazones y hombres. ¡Vámonos, que yo le haré al marica que desocupe nuestros cuarteles y busque rancho!”.
Sin embargo, también se usa “marica” en femenino como sinónimo de “urraca”, así que es posible que más bien haya derivado de una metáfora del hombre afeminado como un pájaro similar, como se entiende en la cita. No es posible determinarlo con seguridad, pues la documentación en este sentido es escasa, debido a ser una palabra malsonante y no ser propia de lo escrito.
Más misterioso aún es el uso que se escucha en Colombia entre mujeres jóvenes para referirse a una amiga cercana, o incluso el uso de “marica” entre amigos casi como muletilla: “nooo, marica, ese man ni llegó…”. ya
La palabra “marica”, en todo caso, podría estar en riesgo de desaparecer si triunfa el afán de corrección política de influencia anglosajona. Por otro lado, si prospera la iniciativa del Movimiento Maricas Bolivia, podría incluso llegar a resignificarse en ciertas variedades, de manera que se convirtiera en una palabra normal. De hecho, al oír la entrevista a Edgar Solís, uno se va acostumbrando a escucharla y al final ya no suena tan fea.
Creo que la iniciativa del movimiento boliviano es la más desafiante que he escuchado contra la discriminación que sufren homosexuales. Tomar un término insultante y reapropiarlo llega incluso a molestar a los colectivos LGTBIQ, a la vez que va dejando sin recursos a los que buscan insultarlos. Así mismo hace el movimiento con otras palabras, como las referidas a las lesbianas, “marimachos” y “tortilleras”, versión colombiana: “areperas”.
P.D.: La Real Academia aceptó la palabra “gay” y su plural hispanizado es “gais”. Si escribimos “gays”, deberíamos usar la cursiva. Pero también podemos decir “maricas”.

Diminutivo


Publicado en la Gaceta Dominical de El País, 11 de noviembre de 2018

Habrán notado los más acuciosos que en Cali se escucha a veces decir “vamos a tomarnos un aguardientico” con “ico” al final, en vez de “aguardientito” o “aguardientecito”. Decimos “perrito”, pero también “gatico”, en vez de “gatito”. Decimos “ahorita”, pero “ahoritica” con “c” en vez de “ahoritita”.
¿Qué pasa aquí? ¿Por qué esta locura? ¿Cuándo metemos esa “c” para hacer el diminutivo? Bueno, no pasa solo en Cali, es en toda Colombia, Venezuela, Centroamérica y las islas del Caribe. Estas alternancias entre “ito” e “ico” son propias, mejor dicho, del español caribeño, como anota Hernán Zamora Elizondo, citado en la tesis de Sien Callebaut.
            Recordemos que el diminutivo es una parte de la palabra que se añade para expresar pequeñez. Un “libro” pequeño es un “librito” y una “casa” pequeña, una “casita”. O cuando las mamás le piden a uno: “páseme el cosito”, obviamente es un objeto pequeño, porque si fuera el “coso” sería un poco más grande.
A partir del sentido de pequeñez se han creado toda clase de significados metafóricos. Puede significar menor edad, como “pollo” versus “pollito”; “Alfonso” versus “Alfonsito”, pueden indicar padre e hijo del mismo nombre, para distinguirlos. O se le puede decir “Alfonsito” de cariño a alguien que se llama Alfonso, sin tener que indicar menor edad que nadie, o se le dice “mijita” (mi + hijita) a la esposa, sin que sea la hija.
            Sirven para suavizar la dureza de una frase, como cuando usted va a hacer una vuelta y el funcionario le dice “le falta la copiecita de la cédula”. O le dicen: “haga la filita por aquí” cuando usted se disponía a saltarse un turno, aunque la fila no sea para nada pequeña. Y si le dicen: “en este momentico no lo podemos atender”, no significa que el “momento” sea muy corto tiempo.
            Empecemos con la regla que se usa en todo el mundo hispanohablante: se añade “ito” o “ita” a la palabra que termina en “a” y “o” sin acento al final (“perro” y “perrito”, “casa” y “casita”), o a la palabra singular que termina en “s” (“japonés”, “japonesito”).
Se agrega “cito” o “cita” si la palabra termina en cualquier otra vocal, si termina en sílaba acentuada o en consonante: “diente” termina en “e” (no es “a” ni “o”), entonces el diminutivo es “dientecito”. Por esta misma regla existe “mamacita” y “papacito”, pues las palabras terminan en acento: “mamá” y “papá”. No es que esté incorrecto decir “mamita” o “papito”, sino que la regla nos permite entender por qué se dice “mamacita” o “papacito”.
Las palabras que terminan en consonante, pues, hacen el diminutivo con “cito” o “cita”: “favor” y “favorcito”, “canción” y “cancioncita”. Si termina en “z”, esta desaparece: “lápiz” y “lapicito”, “nariz” y “naricita”.
Y cuando la palabra termina en “io” o “ia”, se agrega “ecito” y “ecita”. Por esto, el diminutivo de “copia” es “copiecita”.
Pues bien, en caleñol (en parentesco con el español caribeño) hemos agregado una regla al uso común de los diminutivos: si la palabra termina en “t”, “tr” o “tl” + vocal, usamos “ico” o “ica”, en vez de “ito” o “ita”, como en el resto del mundo hispanohablante. Por ejemplo, “zapato” termina en “to” y por eso decimos “zapatico”, “aguardiente” termina en “te” y por eso “aguardientico”, “gato” termina en “to” y por eso “gatico” y no “gatito”, “otro” termina en “tro” y por eso “otrico” y no “otrito”. Un atlas pequeño sería un “atlicas”.
            A las mujeres que se llaman “Marta” les decimos de cariño “Martica” y no “Martita”: pues “Marta” termina en “ta”. Y por eso decimos “momentico” y no “momentito”: “momento” termina en “to”. El otro día hablábamos de la gente que dice “llamó estica” para referirse a una mujer cuyo nombre no recuerda. Esto nos permite explicar por qué decimos “estica” y no “estita”.
            Lo más interesante es que usamos esta regla para hacer un diminutivo de un diminutivo. De “ahora” hacemos un “ahorita”, que es menos tiempo que “ahora”. Pero si queremos expresar mucho menos tiempo que “ahorita” empleamos la regla, pues “ahorita” termina en “ta”, y la palabra resulta siendo “ahoritica”. Así mismo, “poquito” es menos que “poco” y “poquitico” mucho menos que “poquito”.
El único problema es que “ica” (o “ico”) no se puede replicar, pero “ita” sí se deja repetir tantas veces como queramos. Por eso, decimos “ahoritititititica” si queremos exagerar la ínfima cantidad de tiempo, pero nunca diríamos “ahoritikikikikica” (uso “k” para mantener el sonido en el ejemplo hipotético).
            La palabra “chico” indica, de por sí, algo pequeño, pero algo mucho más pequeño es “chiquito” y algo muchísimo más pequeño es “chiquitico” o muchísísimo más pequeño “chiquitititico”, si no es que agregamos el misterioso diminutivo “rin”: en “chirringuitico”. Y ese extraño diminutivo “rrin” tampoco se deja replicar, así que no existe “chirrinrrinrringuitico”. Y más misterioso aún es que “qui” se convierta en “gui”.
            Todo caleño (y caribeño en general) usa estas reglas sin pensarlas, como experto en manipular las palabras para lograr la mayor efectividad expresiva. Y como experto, también puede alterar la regla a su antojo, de ahí que pueda decir “mamita” y no “mamacita”, o “fuentecita” y no “fuentica”, pero sí “aguardientico” o no “aguardentecito”.

Friday, October 19, 2018

Black


“Black” es una serie coreana de Netflix (2017) que cuenta la historia de un espíritu de la muerte que toma posesión de un cuerpo humano. Este humano era Moo-Gang, un policía bastante inepto, pero que se mantenía en la profesión para investigar un aspecto oscuro de su pasado. En el cuerpo de Moo-Gang, esta deidad termina enamorándose de una mujer que tiene visión del más allá: Ha-Ram.
            En español tradujeron el nombre de los espíritus de la muerte como “parcas”, en inglés como “grim reaper”, o la guadaña oscura. Es decir, alude a alguna deidad de la muerte en la cosmovisión coreana que algún experto en folklor coreano podría explicar mejor.
            Entre los espíritus de la muerte, hay unos de primera clase y otros de segunda clase. Los de primera clase son los auténticos, y son seres fríos, sin sentimientos, que se limitan a recoger el alma de las personas que mueren, resultando bastante efectivos en su trabajo. Los de segunda clase son almas de personas que se han suicidado, quienes conservan las memorias de su vida. Estos suelen ser menos efectivos en su trabajo, pues por la empatía que sienten por la persona que va a morir, pueden terminar por perdonarle la vida.
Los auténticos se denominan a sí mismos con un número. El protagonista de esta historia es un espíritu de primera clase que se denomina #444. Es famoso en el inframundo por ser bastante desalmado o “descorazonado”, palabra que tiene un doble significado en el contexto de la serie, lo cual se descubre al final.
            Los espíritus de la muerte trabajan en parejas: uno de primera clase con otro de segunda clase. Pues bien, el compañero de #444 se ha escapado y ha tomado el cuerpo de un humano. #444 debe encontrarlo para evitar ser castigado por los dioses del inframundo. Por eso, se acerca a Ha-Ram, la mujer que puede ver cuando la muerte acecha a manera de sombra, pues ella podría identificar el cuerpo donde su compañero se ha alojado. Pero su poder tiene una limitación: no puede ver la sombra si la persona está vestida de negro.
Cuando #444 toma el cuerpo de Moo-Gang, se autodenomina “Black”, pues decide vestirse de negro como los policías de películas y series televisivas. Así también puede evadir la vista de Ha-Ram. Su experiencia con la muerte lo hace muy bueno en su trabajo de policía: Moo-Gang solía vomitar ante los cadáveres, pero Black de hecho puede hasta comer vísceras mientras levantan un cuerpo. Y Black puede identificar fácilmente la causa de muerte con solo echar un vistazo.
Ha-Ram se enamora de Black, porque ella piensa que es un amigo de la infancia, llamado Joon. Fue su primer amor. Ella identifica a Moo-Gang como Joon cuando este se encuentra herido de muerte por una bala en la cabeza. En ese momento, él se despierta, ya posesionado de #444, y le duele el corazón. Pero #444 ha perdido todas las memorias de Moo-Gang, y se siente muy molesto con el amor empalagoso que le profesa Ha-Ram. Poco a poco esto empieza a cambiar, y él a sentir amor por ella.
De hecho, él trata muy mal a Ha-Ram, le dice cosas muy feas, y uno se sorprende, porque en el contexto occidental esto sería considerado maltrato verbal. Sin embargo, ella sigue fiel a él, excusándolo con la idea de que recibió daño cerebral. Y desecha a un chico bueno y rico que la pretende, el heredero de una importante compañía de seguros. ¿Por qué se empecina Ha-Ram en un hombre que la hace sufrir?
Hacia la mitad de la serie se va descubriendo quiénes son realmente los auténticos espíritus de la muerte (spoiler): son almas cuyos cuerpos han desaparecido y no han sido encontrados. Han perdido sus memorias. Cuando el cuerpo es encontrado, el espíritu recupera sus memorias de vida, incluida la memoria de su tránsito de muerte. Esto resulta bastante traumático para ellos.
Me parece fascinante lo que esto revela sobre la visión de la muerte en Corea y el fetiche sobre el cuerpo muerto. Un cuerpo desaparecido es terrible porque se convierte en una deidad completamente deshumanizada. Y aquí viene lo más interesante: cómo la ciencia moderna entra en conflicto con esta concepción del cuerpo en el tema de los trasplantes de órganos.
Cuando empecé a ver series coreanas, me sorprendió mucho que el tema del tráfico de órganos estaba presente en casi todas las historias. Me preguntaba por qué, y “Black” me dio la respuesta. El tráfico de órganos es terrible porque destroza la integridad del cuerpo muerto y esto altera la estructura del inframundo.
Al final, Black descubre su cuerpo en un carro en el fondo del mar. Descubre que Joon era el hermano adoptivo de Moo-Gang, que de niño vio su vida amenazada por una enfermedad cardiaca. Joon fue herido en la cabeza en circunstancias confusas. La madre biológica de Moo-Gang, que es médica, lo encuentra y le extrae el corazón para trasplantárselo a Moo-Gang. Luego mete su cuerpo en un carro y lo lanza al mar. Es decir, el corazón de Joon siempre estuvo en el cuerpo de Moo-Gang. De ahí que durante la serie lo conozcan como “descorazonado”.
La serie también sigue una trama policial bastante compleja que no voy a resumir aquí, pero que se relaciona con una red de prostitución forzada, crimen organizado y corrupción política y policial. El caso es que Joon y Moo-Gang resultaron enfrentándose a sicarios de esa red. En el enfrentamiento, Joon termina siendo herido en la cabeza.
El padre de Ha-Ram también era policía, y este socorre a Joon cuando estaba siendo perseguido por el sicario, en un almacenamiento de vidrios. Ese mismo día, Ha-Ram había visto la sombra persiguiendo a su padre. Entonces ella sigue a su padre con una pistola, y dispara a la sombra para evitar que su padre muera. Por error, disparó en realidad en la cabeza de Joon. Pero ella nunca lo supo. Por eso, al comienzo, Black se sentía tan mal en presencia de Ha-Ram.
A esto se le puede aplicar un poco análisis de lo inconsciente. Ha-Ram sabe en lo inconsciente que mató a Joon. De hecho, ese mismo día, Ha-Ram había descubierto que él estaba enamorado de otra chica. Y ese acto fallido es una respuesta a los celos. Por eso, ella se aguanta todo el abuso verbal de Moo-Gang: en el fondo siente que debe ser castigada por haber disparado a Joon, y que no merece el amor de alguien bueno como el chico que hereda la compañía de seguros.
En este nivel de análisis, toda la historia es una fantasía de ella, como si ella soñara que Joon vuelve en la identidad de Moo-Gang para darle la oportunidad de recuperar su vida. Pero hilando más delgado, Joon es también la sombra de su padre, a quien debe asesinar por estar enamorado de otra mujer: la madre de Ha-Ram. De hecho, Ha-Ram odia a su madre supuestamente por haberlos abandonado. Pero lo que odia de ella es que, a pesar de haber terminado con su padre, él siga enamorado de ella.

Monday, October 1, 2018

Eufemismos

Publicado en la Gaceta Dominical de El País, 9/30/2018

Imagínese que usted va a terminar con su novia y le dice: “Mirá, es que vos te has vuelto muy cansona con eso de tu negocio y no has vuelto al gimnasio. Me conseguí otra que está más buena, y no jode tanto”. No. Usted le diría: “Démonos un tiempo para pensar nuestra relación, no quiero perder tu amistad”.
            O digamos que usted fue por enésima vez a tratar de sacar los documentos para su pensión y la representante le dice: “No sea burro, aquí dice muy claramente ‘copia autenticada de su partida de bautismo’, lea bien antes de hacer la fila”. No. Le dicen: “aaay, señor, le falta la copiecita autenticadita de la partidita de bautismo. Usted tiene la copiecita, pero le falta el sellito de la notaría. No se le pueden recepcionar los documentos si no están completicos”.
            Para poder sobrellevar la complejidad de las relaciones sociales, hacemos diariamente uso de eufemismos. Todos los días, para sobrevivir en el ámbito laboral, amoroso y social, debemos suavizar con el lenguaje los contenidos que puedan resultar molestos u ofensivos.
Me refiero con sorpresa a la entrevista que hizo Paola Guevara al psiquiatra Carlos Climent, a propósito de su nuevo libro “Asuma la gerencia de su vida”. Él manifiesta la necesidad de expresarnos más directamente sobre los asuntos negativos, criticando el hecho de que los colombianos usamos muchos eufemismos.
            Esto puede ser válido desde el punto de vista de la introspección terapéutica, pero no en el ámbito sociolingüístico. Los eufemismos existen en todas las lenguas y son parte intrínseca de la interacción social.
Como dice el sociólogo Erving Goffman (1922-1982), todo el tiempo estamos proyecto una imagen falsa de nosotros mismos, como si estuviéramos actuando. Nos levantamos, nos bañamos, nos peinamos, afeitamos o maquillamos, nos ponemos una ropa adecuada para la ocasión, nos cepillamos los dientes… Nos estamos preparando para el gran teatro de nuestro día, tan necesario para conseguir el sustento.
            Solo cuando estamos en el baño, solos con nosotros mismos, estamos fuera de esa caracterización teatral. Por eso no hablamos con otras personas sobre lo que ocurre en el baño. Y cuando tenemos la necesidad de hacerlo, usamos nada menos que eufemismos.
            Los eufemismos relacionados con el fenómeno de la excreción son de vieja data, igualmente los relacionados con el sexo también, un evento de carácter privado. Los ejemplos que encontré están documentados desde el siglo XVI en escritos de colonizadores españoles en América. “Hacer del cuerpo” para defecar y “partes pudendas” para los órganos sexuales son algunos de ellos.
Para el acto sexual se usaba el término “refocilar”, que significa en principio “recrearse”, pero desde el siglo XVI se documenta referido al acto sexual. Un ejemplo cervantino es cuando el caballo de Don Quijote se encuentra con unas potras: “que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las señoras facas” (1605).
Y no solo ocurre en español. Se aprecia también en inglés: el término “bowel movement” (movimiento intestinal) se usa para el acto de la excreción; las partes pudendas son “privates” (partes privadas). Y así como hoy en día se dice “acostarse con” para referirse al acto sexual sin mencionarlo directamente, en inglés se usa “sleep with” (dormir con).
Es posible, sin embargo, que sí haya una mayor productividad de eufemismos en la esfera política, como bien señala Diego Martínez Lloreda. Y esto ocurre ante la necesidad de legitimar políticas autoritarias en regímenes democráticos.
Un ejemplo tiene que ver con la tortura. En la época de la Inquisición, se usaba el término “tormento”, directo y al grano, para referirse a la aplicación de dolor sobre la persona para obtener información de ella. No tenían necesidad de eufemismos, porque su acción ya estaba legitimada por la religión como ideología dominante.
Hoy en día se usa en inglés un término muy interesante: “Enhanced Interrogation Techniques” (Técnicas Mejoradas de Interrogación). No se puede hablar abiertamente de “tortura”, pues la práctica que va contra el Derecho Internacional Humanitario. Se debe legitimar esta práctica enfatizando en que se trata de un “interrogatorio”. La aplicación de dolor solo hace más efectiva la acción de interrogar.
            Los políticos colombianos han aprendido muy bien la lección y, como afirma Diego Martínez Lloreda, se usa “Ley de Financiamiento” para referirse al aumento de impuestos. “Reforma tributaria” era un eufemismo de por sí, pero como ninguna reforma tributaria ha sido para bajar los impuestos, fue adquiriendo un sentido peyorativo. Perdió el poder suavizador del eufemismo.
            En Estados Unidos la corrección política es mucho más exigente que en Colombia. No es prudente mencionar directamente la raza de nadie, mientras que en Colombia el elemento racial es muy productivo en la creación de apodos: el “negro”, el “indio”, el “mono” (rubio), “mono perico” (muy rubio)…
            En inglés también es imprudente referirse a la apariencia física de la persona, mientras que en Colombia decimos la “flaca”, mi “gordita”, el “enano” (alguien muy bajito), “vara de premios” (alguien muy alto), el “chato”, el “cojo”.

Wednesday, September 26, 2018

El este


Publicado en la Gaceta Dominical de El País, 9/24/2018

En español caleño, o colombiano, se usa muchas veces la palabra “este” en frases como “ay, es que usted es todo este”, “usted tan este, ¿no?”, “deje de ser tan este”, “usted como es de este”. Aunque la palabra parezca vacía, en estas situaciones “este” tiene un significado muy preciso: “mala gente”.
            “Usted tan este” puede sonar chistoso porque “este” parece no tener ningún significado, en principio. Y es verdad: originalmente la palabra “este” no tiene significado, simplemente porque es una palabra que expresa un contenido gramatical, nada más.
Las palabras gramaticales no tienen significado como tal. Expresan relaciones abstractas entre los elementos del mundo o de la oración misma. La palabra “este”, en sentido estricto, expresa una relación entre el hablante y la posición de los objetos que lo encuadran.
Por ejemplo, yo voy a la panadería a comprar un pastel que se ve muy rico, pero no sé cómo se llama. Me acerco al pastel, lo señalo y le pido al vendedor: “Deme este, por favor”. Estoy indicando una relación de cercanía entre el pastel y mi dedo que lo señala.
Así como “este” puede referirse al pastel en la situación dada, también sirve para señalar cualquier objeto del mundo, siempre y cuando esté en cercanía con el que habla. Por eso, no puede significar nada, porque su función es permitir señalar cualquier objeto.
Incluso, si estoy escribiendo, “este” o “esto” puede referirse a lo último que mencioné. En lafrase: “A la reunión asistieron Juan, Pedro y Carlos. Este fue el primero que habló”. ¿A quién se refiere “este”? Pues al último que mencioné, es decir, a Carlos.
Lo interesante es que las palabras gramaticales, en sus orígenes más remotos (a veces no tanto), suelen provenir de palabras que sí tienen significado. Un ejemplo es el verbo “ir”, que significa moverse de un lugar a otro. “Voy al trabajo todos los días en bus”. “Voy” significa, en concreto, ese desplazamiento.
Pero a veces “ir” se usa para expresar simplemente una relación temporal. Alguien puede decir: “mañana me voy a quedar en casa”. Miren la paradoja: “ir” significará desplazamiento, pero la persona está indicando todo lo contrario, que no habrá desplazamiento, que se va a quedar en casa.
En “mañana me voy a quedar en casa”, “voy” se refiere al futuro. El futuro no es un significado, es una relación entre el momento del habla con otro tiempo. “Voy” indica una relación temporal de posterioridad.
Hacia el siglo XVII “ir a” se usó con tanta frecuencia que empezó a expresar una relación abstracta, el tiempo futuro, como explica la investigadora Jesse Aaron.
Y hay infinidad de casos así. Decimos “un mundo de cosas” por decir “muchas cosas”, y no nos estamos refiriendo al “mundo” como tal.
O la palabra “un”, que en principio era el número uno, y luego pasó acompañar cualquier sustantivo para establecer una relación de relevancia. Incluso, significando originalmente el número uno, se puede poner plural, “unos”.
O la expresión “a pesar de”, que significa “pero”, y ya no importa si existe tal “pesar” o “pena”.
Pero en el caso de “este” tenemos todo lo contrario. Es una palabra gramatical que ha adquirido un significado propio, “mala gente”. Es un fenómeno lingüístico exótico, porque generalmente es todo lo contrario lo que ocurre. Ejemplos como este sí son difíciles de encontrar.
Y existen otros usos similares a “este”, con sus variaciones, donde la palabra puede referirse a significados más concretos.
Se puede decir “en esto se aparece por acá”, donde “esto” significa “muy poco tiempo”. Incluso, si es poquísimo tiempo, se usa el diminutivo: “en estico se aparece por acá”.
También puede conservar su significado gramatical, pero adquirir sentidos fuertemente expresivos donde su función gramatical puede quedar en entredicho.
Digamos que una mujer llama a la casa para dejar una razón para mi hermano. Yo le doy la razón, pero no me acuerdo del nombre de la que llamó, entonces digo: “llamó estica, ¿cómo se llama?”. Sí, hay una relación de cercanía, “estica” está en mi mente, pero la palabra significa “una mujer cuyo nombre no me acuerdo”.
Y la palabra contraria a “esta”, que es “esa”, suele indicar una relación de lejanía como palabra gramatical. Quiero saber a quién debo acercarme en una oficina y el portero me indica: “es esa señora que está allá”. “Esa” significa que la señora está lejos de ambos.
Pero si yo digo “esa”, solamente, puede tener un sentido despectivo, de “mujerzuela”. Nótese que la expresión “esa” para “mujerzuela” comienza por establecer una distancia, primero espacial, y luego tal vez ética o moral, para reproducir en la palabra todo un significado que no tenía.
Alguna vez hablábamos de “páseme el cosito”, que dicen las mamás. Un sinónimo que me sugirieron los lectores que me escribieron es “páseme el este”. La paradoja es: si “este” indica cercanía como palabra gramatical, ¿entonces por qué no lo puede alcanzar por ella misma?
No, no está cerca, en “páseme el este” obviamente el tal “este” se encuentra lejos. Pero está cerca como nombre en la mente, de ahí la metáfora.


Sunday, June 24, 2018

Pienso de que


Publicado en El País de Cali, Gaceta Dominical, 17 de junio de 2018

Se escucha frecuentemente a los futbolistas decir “yo pienso de que el partido estuvo muy difícil y hay que seguir trabajando”, como nota Álvaro Castellanos en su texto “Obviedades futboleras”. Pues bien, este “de” suena mal, un error, pues la mejor opción sería decir “yo pienso que el partido estuvo muy difícil”.
            La palabra “que” está conectando dos oraciones diferentes: una es “pienso” y otra es “el partido estuvo muy difícil”. La segunda oración aparece anclada a la primera como un objeto. Si uno dice “yo pienso eso”, la palabra “eso” se refiere a toda la idea que se piensa, sin que sea necesaria la palabra “que”.
            En lenguaje formal se puede incluso suprimir la palabra “que”, como en “Creemos es necesario reiniciar el estudio”. Esto sobre todo referido a verbos de pensar, para introducir ideas. Aparece en 1577 en Santa Teresa de Jesús: “creo es imposible olvidarlas todas”.
            También se encuentra, ya en menor proporción, pero todavía posible, en el siglo XX: “La leyenda medieval de Madrid edificado sobre el agua creo es bastante demostrativa de que los ‘viajes’ seguían existiendo”, en un autor español llamado Jaime Oliver Asín, de 1959.
            Como vemos, si se puede omitir el “que”, ¿entonces ponerlo es un error? Si se puede omitir el “de”, ¿ponerlo es también un error?
Este uso sin “que” se debe tal vez a cierta influencia del latín, donde la inclusión de una segunda frase no necesitaba ninguna palabra equivalente a “que”. Había otras maneras de concatenar las oraciones. Los autores de los siglos XVI y XVII trataban de copiar la sintaxis latina, y por eso se encuentran casos de omisión de “que” en la base de datos histórica de la Real Academia.
Lo que se utiliza solo en el lenguaje escrito o académico no existe. Pero en todo caso, muestra que existen grandes diferencias en el uso de “de” y “que” como para hablar de un “error”.
Un ejemplo de las numerosas en el uso de “de” con verbos es con “deber”. En Colombia decimos “Ella debe haber salido a las 2pm”, para indicar incertidumbre. Es decir, significa “Creo que ella debe haber salido a las 2pm”. Al igual que “pensar”, el verbo “deber” introduce una idea, pero usa el verbo en infinitivo sin “que”.
            A un colombiano sonaría a error poner un “de” después de “deber”, como diciendo “Ella debe de haber salido a las 2pm”. Sin embargo, el Diccionario Panhispánico de Dudas dice que, cuando indica incertidumbre, es perfectamente aceptable decir “deber de”. Es decir, la palabra “de” se puede poner o quitar.
¿Por qué se puede poner o quitar el “de” en “Debe (de) haber salido a las 2pm”? ¿Y por qué se puede poner o quitar el “que” en “Creo es imposible olvidarlas todas”? Porque así es la norma, arbitraria. Mejor dicho, “pienso de que” está mal porque lo dice el futbolista, del cual tenemos un prejuicio, el prejuicio de que no es una persona educada.
            Ahora bien, la preposición “de” también puede significar “acerca de”, “sobre”, “con referencia a”… Por ejemplo, uno le puede pedir a alguien que sale de la casa: “Acuérdese del azúcar”, para pedirle que recuerde comprar el azúcar. O alguien puede afirmar: “Me dijo del matrimonio”, como para expresar “me habló sobre el matrimonio”.
            También podría decirse “Acuérdese de que tiene que traer el azúcar”, donde “acordarse” indica una acción mental, como ocurre con “pensar”. Solo que “acordarse” tiene un sentido más dinámico que “pensar”, “acordarse” es un movimiento en el recuerdo, en la memoria: antes no estaba el azúcar en la memoria, y luego ya empieza a estar. Pues bien, el futbolista cuando dice “Pienso de que”, podría estar usándolo en un sentido dinámico.
O alguien puede decir: “Me dijo de que viniera al matrimonio”, para significar “Me habló de la importancia de que viniera al matrimonio”.
Pero observemos los datos históricos sobre “pienso de”. En la edad media, aparecen oraciones como “pienso de tornar bien ayna” (1313, Cuento de don Tristán de Leonís), como en “tengo la intención de regresar pronto”. También se lee: “todo el mal que yo pienso de fazer” (1400, Biblia ladinada), que significa “todo el mal que tengo la intención de hacer”.
Se encuentra “de” hasta el siglo XVII. De hecho, aparece en Cervantes. Hoy en día, no es necesario poner “de” para indicar intención. Uno puede decir simplemente “pienso regresar mañana”, sin necesidad de “de”.
Pues bien, es posible que “pienso de que” sea un residuo de este uso antiguo, que obligaba a poner “de” en ciertos usos de “pensar”. Aunque no aparece exactamente “pienso de que”, tanto “de” como “que” son palabras tan variables, omisibles en diversos contextos, que luego estigmatizar “pienso de que” como un error podría llevarnos a innumerables paradojas.


Wednesday, June 13, 2018

13 Reasons Why

Publicada en Gaceta Dominical de El País, 10 de junio de 2018

La serie de Netflix 13 Reasons Why (Por 13 razones) ha desatado una polémica, pues supuestamente incita al suicidio. Un padre de familia en Estados Unidos ha impuesto una acción legal en contra de Selena Gómez, productora de la serie, pues la hija del denunciante se suicidó después de ver la serie.
Curiosamente, en la segunda temporada, estrenada el 18 de mayo, se advierte que la serie es para audiencias maduras y que debe ser visto con un “adulto responsable”. Luego, ¿no es una serie para adolescentes, pues? Al parecer no, es una serie para adultos con tema adolescente.
Y sí, el artificio narrativo es bastante complejo, algo que más valoraría un adulto. En la primera temporada, la historia se cuenta a partir de la voz de Hannah en unos casetes que ha grabado antes de cortarse las venas. Cada lado del casete está dedicado a una de las personas que ha tomado parte en su decisión de quitarse la vida. Sufre injustamente la fama de ser una chica “fácil”, lo que la lleva a ser víctima de matoneo, acoso sexual y aislamiento.
Además de eso, se enfoca en el impacto que tiene la escucha de los casetes en un chico llamado Clay. Él es de buenos sentimientos y siempre estuvo enamorado de ella. Escuchar el testimonio de Hannah lo hace atormentarse una y mil veces por lo que pudo haber sido y no fue.
La cámara sigue lo que Clay va imaginando de la historia de Hannah, que alterna con nuevos acontecimientos del presente. Así, el espectador deambula en el tiempo. Como ocurre en el duelo: una persona se siente estancada en el pasado, en los eventos no terminados, a medida que el presente impone nuevos retos tan difíciles de sobrellevar cuando ni siquiera se ha superado el pasado.
La segunda temporada sigue el juicio que se realiza contra la escuela, subsiguiente a la acción legal que han interpuesto los padres de Hannah. Estudiantes y profesores empiezan a testificar y a contar su verdad. Vuelven a alternar escenas del pasado y del presente: del pasado, desde el punto de vista del testigo; del presente, con una profundización mayor sobre las historias de vida de los compañeros de Hannah.
Cada capítulo sigue la voz de uno de los testigos. Esta se va convirtiendo en una voz en off que reflexiona sobre la complejidad de los nuevos acontecimientos. La multiplicidad de voces empieza a revelar nuevas verdades sobre Hannah. La “verdad” sobre lo que realmente ocurrió parece no lograr develarse del todo.
Los padres de familia, además, empiezan a descubrir la cantidad de secretos de sus hijos. El espectador, pues, es como un padre de familia, que va descubriendo aquellos secretos. Pero siempre queda la sensación incómoda de que la verdad nunca va a saberse.
Los realizadores de la serie reiteran que el propósito de la serie era “empezar una conversación” sobre diversas situaciones que afectan a los adolescentes: el consumo de drogas, el abuso sexual, el matoneo… Por eso se equivoca en la audiencia a quien va dirigida.
He leído comentarios a la serie y muchos adolescentes dicen que Hannah es muy dramática, que no era para tanto, que muy exagerada. El adolescente que ha ejercido el matoneo puede no empatizar con Hannah tan fácilmente.
El que ha sufrido el matoneo, en cambio, empatizará con Hannah de una manera muy peligrosa: leerían la ficción desde una fantasía del suicidio como un mecanismo de comunicación. Observarían que sería más fácil comunicarse si ya no estuvieran vivos, así podrían decirlo todo sin constricciones sociales.
La serie busca educar al adulto sobre cómo abordar su relación con los adolescentes y cómo descifrar sus secretos. A veces incluso puede leerse una crítica a la situación socioeconómica y el violento crecimiento de las corporaciones.
Los padres de Hannah atraviesan por una crisis económica. Una cadena de almacenes ha llegado al pueblo y se está llevando todos los clientes que antes tenían. Por estar tan ocupados en sus problemas financieros, no se dan cuenta de lo que está ocurriendo con su hija. La megacorporación es como el “matoneador” de la frágil economía local.
Por su parte, el líder de los matoneadores, Bryce, es un chico de gran capacidad económica, que de alguna manera ejerce este chantaje sobre sus compañeros. Los demás lo secundan, para ser invitados a sus fiestas, jugar videojuegos en su casa y alcanzar un estatus alto en la pequeña sociedad que es la escuela.
En Estados Unidos, es normal que todas las personas envíen a sus hijos a la escuela pública. Aunque alguien tenga la capacidad económica para escoger una escuela privada, se puede preferir la escuela pública por el acceso a diferentes bienes y privilegios. Bryce, por ejemplo, puede pertenecer al prestigioso equipo de baseball y football de la escuela.
              Por esta razón, en Estados Unidos la escuela es un microcosmos que semeja la sociedad en general. Allí, los muchachos están expuestos a una gran cantidad de tensiones sociales. Y en el caso de Hannah, no todos sobreviven.