Publicada en Gaceta Dominical de El País, 10 de junio de 2018
La serie de Netflix 13 Reasons Why (Por 13
razones) ha desatado una polémica, pues supuestamente incita al suicidio.
Un padre de familia en Estados Unidos ha impuesto una acción legal en contra de
Selena Gómez, productora de la serie, pues la hija del denunciante se suicidó
después de ver la serie.
Curiosamente, en la segunda
temporada, estrenada el 18 de mayo, se advierte que la serie es para audiencias
maduras y que debe ser visto con un “adulto responsable”. Luego, ¿no es una
serie para adolescentes, pues? Al parecer no, es una serie para adultos con
tema adolescente.
Y sí, el artificio narrativo
es bastante complejo, algo que más valoraría un adulto. En la primera
temporada, la historia se cuenta a partir de la voz de Hannah en unos casetes
que ha grabado antes de cortarse las venas. Cada lado del casete está dedicado
a una de las personas que ha tomado parte en su decisión de quitarse la vida.
Sufre injustamente la fama de ser una chica “fácil”, lo que la lleva a ser
víctima de matoneo, acoso sexual y aislamiento.
Además de eso, se enfoca en el
impacto que tiene la escucha de los casetes en un chico llamado Clay. Él es de
buenos sentimientos y siempre estuvo enamorado de ella. Escuchar el testimonio
de Hannah lo hace atormentarse una y mil veces por lo que pudo haber sido y no
fue.
La cámara sigue lo que Clay va
imaginando de la historia de Hannah, que alterna con nuevos acontecimientos del
presente. Así, el espectador deambula en el tiempo. Como ocurre en el duelo:
una persona se siente estancada en el pasado, en los eventos no terminados, a
medida que el presente impone nuevos retos tan difíciles de sobrellevar cuando
ni siquiera se ha superado el pasado.
La segunda temporada sigue el
juicio que se realiza contra la escuela, subsiguiente a la acción legal que han
interpuesto los padres de Hannah. Estudiantes y profesores empiezan a
testificar y a contar su verdad. Vuelven a alternar escenas del pasado y del
presente: del pasado, desde el punto de vista del testigo; del presente, con
una profundización mayor sobre las historias de vida de los compañeros de
Hannah.
Cada capítulo sigue la voz de
uno de los testigos. Esta se va convirtiendo en una voz en off que reflexiona
sobre la complejidad de los nuevos acontecimientos. La multiplicidad de voces
empieza a revelar nuevas verdades sobre Hannah. La “verdad” sobre lo que
realmente ocurrió parece no lograr develarse del todo.
Los padres de familia, además,
empiezan a descubrir la cantidad de secretos de sus hijos. El espectador, pues,
es como un padre de familia, que va descubriendo aquellos secretos. Pero
siempre queda la sensación incómoda de que la verdad nunca va a saberse.
Los realizadores de la serie
reiteran que el propósito de la serie era “empezar una conversación” sobre
diversas situaciones que afectan a los adolescentes: el consumo de drogas, el
abuso sexual, el matoneo… Por eso se equivoca en la audiencia a quien va
dirigida.
He leído comentarios a la
serie y muchos adolescentes dicen que Hannah es muy dramática, que no era para
tanto, que muy exagerada. El adolescente que ha ejercido el matoneo puede no
empatizar con Hannah tan fácilmente.
El que ha sufrido el matoneo,
en cambio, empatizará con Hannah de una manera muy peligrosa: leerían la
ficción desde una fantasía del suicidio como un mecanismo de comunicación.
Observarían que sería más fácil comunicarse si ya no estuvieran vivos, así
podrían decirlo todo sin constricciones sociales.
La serie busca educar al
adulto sobre cómo abordar su relación con los adolescentes y cómo descifrar sus
secretos. A veces incluso puede leerse una crítica a la situación
socioeconómica y el violento crecimiento de las corporaciones.
Los padres de Hannah atraviesan
por una crisis económica. Una cadena de almacenes ha llegado al pueblo y se
está llevando todos los clientes que antes tenían. Por estar tan ocupados en
sus problemas financieros, no se dan cuenta de lo que está ocurriendo con su
hija. La megacorporación es como el “matoneador” de la frágil economía local.
Por su parte, el líder de los
matoneadores, Bryce, es un chico de gran capacidad económica, que de alguna
manera ejerce este chantaje sobre sus compañeros. Los demás lo secundan, para
ser invitados a sus fiestas, jugar videojuegos en su casa y alcanzar un estatus
alto en la pequeña sociedad que es la escuela.
En Estados Unidos, es normal
que todas las personas envíen a sus hijos a la escuela pública. Aunque alguien
tenga la capacidad económica para escoger una escuela privada, se puede
preferir la escuela pública por el acceso a diferentes bienes y privilegios.
Bryce, por ejemplo, puede pertenecer al prestigioso equipo de baseball y football de la escuela.
Por esta razón, en
Estados Unidos la escuela es un microcosmos que semeja la sociedad en general.
Allí, los muchachos están expuestos a una gran cantidad de tensiones sociales.
Y en el caso de Hannah, no todos sobreviven.
No comments:
Post a Comment