Tuesday, April 11, 2017

Guayabo Maluco

¿Por qué en Cali le decimos 'guayabo' a la resaca? Se lo contamos

Publicado en http://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/por-que-en-cali-le-decimos-guayabo-a-la-resaca-se-lo-contamos.html

Palabras muy necesarias para describir los efectos de las fiestas decembrinas, son “maluco” y “guayabo”. La palabra “maluco” se refiere a una sensación de malestar general e indeterminada en el cuerpo: puede referirse al dolor de cabeza, mareo, cansancio general o desarreglos digestivos. La palabra “guayabo” es más precisa: se refiere al malestar que deja el alto consumo de alcohol en el cuerpo posterior al estado de embriaguez, que en español formal se dice “resaca”.
            Ambas palabras con estos sentidos son muy propias del español colombiano. “Guayabo” para designar “resaca” se usa solo en Colombia, según la Real Academia. Otras regiones hispanoamericanas tienen sus propios vocablos coloquiales como “chuchaqui” en Ecuador, “ratón” en Venezuela o “cruda” en México. Por su parte, “Maluco” para referirse al malestar en el cuerpo, hasta donde tengo conocimiento, se usa principalmente en el español vallecaucano. En Antioquia y el Caribe significa “feo”, como indica el Wiki-diccionario Así Hablamos y el testimonio del escritor antioqueño Tomás Carrasquilla a principios del siglo XX.
Curiosamente, “maluco” en portugués brasilero significa “loco”. Tenga cuidado si un brasilero le pregunta: “¿Você está maluco?”, porque está siendo sarcástico sobre su capacidad de raciocinio mental. Los brasileros atribuyen el origen de esta palabra a influencia africana, pero es más plausible considerar que surgió en la península Ibérica. Recordemos que la lengua portuguesa está emparentada con el español, por su continuidad geográfica en la península. Más o menos hasta el siglo VIII o IX eran casi la misma lengua. Por eso, el origen del significado en portugués es muy probable que esté relacionado con el sentido que tiene en español colombiano.
            El origen de la palabra “maluco” es simplemente la palabra “malo” más el sufijo despreciativo “-uco”, que se usa sobre todo en una región norteña de España que se denomina Cantabria. Este sufijo está relacionado con “-ucho”, como en “casucha” o “librucho”. En su origen, “maluco” se refiere a algo malo sin importancia o sin gravedad. Por eso, en España se dice “malucho” para significar estar un poco malo del cuerpo.
Como la palabra “maluco” tenía un alcance tan general, en diversas regiones fue especificando su significado hasta convertirse en sinónimo de “loco” en portugués, como atestigua el actual uso brasilero. En regiones hispanoamericanas como Colombia y Venezuela, pues, se aplicaría el sentido despreciativo de “malo” sin importancia a algo simplemente feo, y en el Valle del Cauca se crearía el sentido de malestar corporal. Tanto en el Valle del Cauca como en Brasil “maluco” se refiere a un estado de enfermedad, pero en el primero es corporal y en el segundo es mental. Es posible que el origen de este significado se encuentre en los primeros pobladores españoles que provinieran de la región nororiental de España.
La palabra “guayabo”, según la Real Academia, proviene de las lenguas indígenas arahuakas que se hablaban en las islas del Caribe a la llegada de los españoles, para designar el árbol del mismo nombre. La “guayaba”, como es lógico, se refiere a su fruto. En casi todas las regiones de Hispanoamérica “guayaba” tiene el sentido de “mentira” o “embuste”. Es un sentido metafórico que se deriva de una característica de la guayaba: cuando está podrida o llena de gusanos por dentro, por fuera parece que estuviera en buen estado.
La palabra “guayaba” fue aprendida por los pobladores españoles de América desde muy temprano en el siglo XVI y, mientras fueron colonizando otras regiones, ya la llevaban incorporada a su lenguaje. Es posible que el significado de “mentira” o “embuste” se hubiera incorporado desde el comienzo de la colonización español en América, como muestra la gran extensión geográfica de este significado. El sentido colombiano de “resaca” probablemente se formó mucho tiempo después.
En su diccionario de vallecaucanismos, Leonardo Tascón dice que “guayaba” se refiere a una persona enferma y achacosa que parece saludable. Es una extensión del mismo sentido de falsa apariencia que tiene en el resto de Hispanoamérica, pero en el Valle del Cauca los hablantes hicieron énfasis en el sentido de enfermedad, que se oculta en una buena apariencia. Aunque Tascón se refiere al Valle del Cauca, es posible que el sentido de malestar del cuerpo existiera también en otras regiones de Colombia, aunque él lo desconociera.
Posteriormente la metáfora de “guayabo” como enfermedad se especializó mucho más, dividiéndose en dos sentidos: uno de “tristeza”, como enfermedad del alma, que aparece también en Venezuela según el escritor Rómulo Gallegos en 1935, y uno muy restringido de enfermedad del cuerpo que se padece como consecuencia de la intoxicación con el alcohol, que es el que se forma en Colombia. En portugués, el sentido de “enfermedad” se especializó en el significado de “enfermedad de la mente”.
           Así pues, si después de una noche de fiesta usted tiene “guayabo” o se siente “maluco”, podrá estar satisfecho con recordar que el español pasó por un camino muy complejo de evolución y especialización metafórica que le permiten expresar con gran precisión los dos sentimientos.

Dijistes, fuistes...

Publicado en El País de Cali, 12 de marzo de 2017. Link por confirmar.

La cantante española Lola Flores, que nos deleitó con música popular española en la década de 1960, dice en su canción “Limosna de amores”: “Yo debí serrano cortarme / las venas
cuando entre los ayes de una copla mía / pusistes en vilo mis carnes morenas / con una palabra que no conocía...”. Esa “s” al final en “pusistes”, de hecho, se escucha como una “jota”: “pusistejenvilo”. Y sí, es española y dice “pusistes”.
Recuerdo que mi abuela decía esa “s” todo el tiempo. Era la única forma como decía el pretérito de segunda persona singular. Nunca le escuché decir un “dijiste”, “pusiste” o “trajiste”. Sin embargo, entre sus hijos solamente uno de ellos se lo aprendió, pues lo dice constantemente. Los demás parecen haber aprendido muy bien de la escuela a no decir la “s” final del pretérito.
Poner la “s” en “pusistes” o en cualquier forma de pretérito, como “dijistes”, “fuistes”, “salistes”, “amastes”, “vinistes”… es un uso tan común en España como en toda Hispanoamérica. Sin embargo, en contextos formales o académicos no se acepta como correcta. En español estándar se prescribe “tú dijiste” o “vos dijiste” sin “s” como la conjugación aceptable. Tanto es así que Word me borra insistentemente la palabra “dijistes” cada vez que la escribo y tengo que regresarme a ponerla de nuevo para este artículo.
            A pesar de todo, “dijistes” o “fuistes” no es un error propiamente dicho, sino una conjugación alternativa de la segunda persona singular del pretérito. Sin embargo, por no aceptarse en el estilo formal, se considera una forma no estándar.
            Tanto la conjugación con “s” como sin “s” provienen del latín. Es decir, “amastes” es tan antiguo como “amaste”. Los que dicen “amastes” lo hacen por tradición y no por equivocación. Lo que pasa es que la “s” del pretérito en la segunda persona era una conjugación plural en latín, y no singular.
En latín hablado, la segunda persona plural de pretérito contenía un morfema “-stis”, para el pronombre “vos”, que también era plural. Es decir, se decía “vos amastis” o “vos cantastis” en latín hablado. Como se puede observar, de “cantastis” a “cantastes” solo hay un pequeño cambio de sonido: la “i” se cierra un poco y se transforma en “e”. De ahí que “cantastes” es la conjugación más cercana al latín.
El pronombre “vos” se fue transformando en singular a finales de la edad media, hasta convertirse en nuestro “vos cantastes”. En España y luego en todo Hispanoamérica se usó normalmente el “vos” como forma de confianza, incluso en lugares donde hoy no existe, como en México, el Caribe y Perú.
“Dijsites”, “fuistes”, “salistes” constituyen la conjugación correcta del pronombre “vos”. Entonces, si alguien habla de “vos”, comete un error al decir “vos dijiste”, “vos fuiste” o “vos saliste”. Es al revés de lo que pensaríamos: decir “vos dijiste” sería incorrecto y “vos dijistes” lo correcto. Mi abuela y mi tío estarían en lo correcto y todos los demás estaríamos equivocados.
Hay quienes piensan que “tú dijistes”, “tú fuistes” o “tú pusistes” como ocurre en la canción de Lola Flores sí sería un error. Sin embargo, el filólogo colombiano Rufino José Cuervo piensa que esta conjugación con el pronombre “tú” es un préstamo morfológico de la conjugación de “vos”. En ese sentido no sería tan equivocado, sino producto de la misma tradición que decir “vos dijistes”.
            Yo hice una búsqueda en archivos históricos y escritos literarios para encontrar formas de “vos” y curiosamente encontré que la “s” del pretérito era una forma común… ¡hasta mediados del siglo XX! O sea que hasta ese momento no se consideraba del todo incorrecto. El académico venezolano Andrés Bello en el siglo XIX afirma que personas de alta cultura utilizan “dijistes”, pero ya no le agrada del todo. Es decir, no se atreve a rechazarlo del todo.
¿Por qué empezó a considerarse incorrecto? Esta época coincide con la aceptación académica del uso de “vos” en Argentina, como encuentra la investigadora Norma Carricaburo. Los argentinos encuentran que “vos dijiste” suena más correcto por parecerse a una forma de tú, y promueven el uso exclusivo de la forma sin “s”.

Descachalandrado Replanchingado


Muchos de los que crecimos con la abuela vallecaucana hemos tenido la posibilidad de admirar su creatividad a la hora de reprocharnos nuestras actitudes hacia el vestir o el trabajar. Si uno fuera a salir de la casa con una camiseta rota, una sudadera sucia y el pelo con serias muestras de no haber pasado por la ducha o el cepillo, la abuela diría: “¿Va a salir así todo descachalandrado?”. Y si uno estuviera echado en el sofá viendo televisión, con la barriga explayada y sin intención de trabajar, la abuela diría: “Venga ayúdeme con el oficio en vez de estar ahí todo replanchingado”. Pues bien, estos no son términos inventados por la abuela, aunque lo parezcan, sino que forman parte de una tradición muy larga que se podría rastrear desde España.
            La palabra “descachalandrado” proviene del término “descachalado” o “escachelado”, que se usaría en el español de Galicia, una región que queda en el noroccidente de España, según anota el filólogo Rufino José Cuervo. El punto de partida sería la palabra “descachar” que proviene del prefijo “des” en su sentido de “exceso o demasía”, y la palabra “cacho”, en su sentido de “pedazo, trozo”, según el Diccionario de la Real Academia. La palabra “chacho” en este sentido viene del latín vulgar “cacculus”, así que es posible que en algún momento se dijera “cacholo” en vez de “cacho”. Así pues, la suma de “des” (=exceso) + “cacholo” (=pedazo) daría una palabra “descachalar”, que significaría “hacer trozos una prenda de vestir”. “Descachalado” significaría estar vestido con una prenda hecha trozos, y por este camino metafórico siguió el significado que se le da de estar mal vestido y desaseado.
            ¿Cómo se pasó entonces de “descachalado” a “descachalandrado”? Lo más seguro es que la palabra se hubiera fusionado con el término “andrajo”, que significa pedazo de tela, la cual proviene del árabe hispánico “ḥaṭráč”. La suma de “descachalar” + “andrajo” daría como resultado “descachalandrajar” y “descachalandrajado”. De hecho, la palabra “descalandrajado” (sin la “ch”) está aceptada por la Real Academia.
Y surge una pregunta más: ¿cómo se pasó de “descachalandrajado” a “descachalandrado”? Es posible que la palabra “andrajo” hubiera perdido la terminación “ajo” por considerarse un sufijo que se pudiera eliminar fácilmente, así como a “escupitajo” puede quitársele el sufijo y quedar “escupa”.
            La palabra “descachalandrado”, si bien se tiene como palabra vallecaucana en el diccionario de vallecaucanismos de Leonardo Tascón, la Academia acepta “descachalandrarse” en Colombia, Venezuela, República Dominicana y Centroamérica. Por la gran extensión geográfica de la palabra es posible conjeturar que así la usaban los españoles que poblaron la región desde la conquista y la colonia, y así se quedó. Es posible que muchos de ellos provinieran de la región noroccidental de España, donde queda Galicia. Sin embargo, parece que ya no se usa en España.
            Por su parte, la palabra “replanchingado” también proviene del latín y de algunas adiciones posteriores hechas por la creatividad de los hablantes. Para rastrear su origen, también hay que examinar el verbo relacionado, que es “replanchingarse”. La Real Academia acepta “repantingarse”, que significa “arrellanarse en el asiento para mayor comodidad”. “Repantingado” es, entonces, estar echado cómodamente en el asiento. El verbo proviene de la suma del prefijo “re”, que denota intensificación, y el latín “panticis”, que significa “panza”. Así pues, “repantingarse” es poner presión sobre la panza o la barriga, que sería el efecto corporal resultante de recostarse en un asiento.
Así pues, lo novedoso del español vallecaucano es la adición de una “l” y una “ch” al vocablo original español. Para Cuervo, estas adiciones derivan de una fusión con otra palabra, que muy probable sería “plancha”, que significa lo que todos sabemos: pieza plana y pesada, no muy gruesa, generalmente de metal. La palabra “plancha” se introduciría en medio de “repantingado” para dar “replanchingado”. Así se acrecienta la fuerza expresiva de la palabra, pues sugiere la idea no solo de estar recostado, sino de estarlo como una plancha con la barriga explayada sobre el asiento. La comparación con la plancha refleja el peso y la modorra con que se manifiesta la actitud con la que se está recostado: la poca motivación de hacer cualquier oficio.
Mientras “descachalandrado” parece haber llegado así con los primeros pobladores españoles, “replanchingado” sí parece ser una creación autóctona. Los primeros pobladores españoles decían “repantingado”, y sus descendientes crearon a partir de allí “replanchingado”. Esto debió ocurrir en el siglo XVII y XVIII, pues en el siglo XIX ya Cuervo la incluye como un vocablo de uso común. El filólogo Tascón la considera propiamente vallecaucana, mientras que Cuervo sugiere que es bogotana, así que su origen regional está en disputa.
En resumen, la palabra “descachalandrado” proviene del gallego “descachalar” y el árabe hispánico “andrajo”, que se fusionaron y crearon una palabra traída por los colonizadores españoles. Estos también trajeron la palabra “replantingado”, que posteriormente sus descendientes transformaron en una forma mucho más expresiva. Por eso, cuando la abuela dice que uno está “replanchingado”, logra expresar tantas cosas a la vez.

Wednesday, April 5, 2017

Verraco (II)

La palabra “verraco” designa originalmente al cerdo no castrado en España e Hispanoamérica, pero en Colombia significa “enojado”, “difícil” o “trabajador, emprendedor”. Aunque la academia acepta la escritura “verraco” por imitar la escritura del latín, la forma “berraco” parece bastante aceptada, pues en la historia del español aparece registrada 56 veces, mientras que “verraco” 53 veces. Es posible que esto se deba a que la “b” parece tener un simbolismo más relacionado con la fuerza e impetuosidad que se sugiere en la palabra.
¿Cómo surgió el significado metafórico que se le da en Colombia? Parece que en la edad media la palabra “verraco” era un apodo para designar a un criado que manifestara una masculinidad impetuosa (Thayer Ojeda, CORDE). Es un origen despectivo y clasista, porque compara a los criados con marranos. Sin embargo, en hablantes antiguos de territorio colombiano la masculinidad impetuosa ha debido empezar a percibirse como un elogio, y así se resignificó la palabra. Entonces el origen pudo haber sido más antiguo de lo que se dijo en la entrada verraco.
            La palabra “verraco” se sigue resignificando. En el plebiscito del 2 de octubre en que los colombianos votaron si aprobaban el acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc, el partido político que se opuso a este acuerdo realizó una campaña para que la gente votara “no”. El jefe de campaña JuanCarlos Vélez Uribe manifestó que esta campaña consistió en hacer que la gente saliera a votar “verraca”. 
            Pues bien, recientemente “verraco” y sus derivados se han usado para deslegitimar acciones políticas de la derecha. En noticias sobre el triunfo presidencial en Estados Unidos de Donald Trump, he leído comentarios que dicen que los estadounidenses salieron a votar “verracos”.

Posteriormente al plebiscito, el gobierno renegoció el texto del acuerdo con las Farc y buscó refrendarlo en el congreso. El senador Álvaro Uribe Vélez, líder del parido político que se opuso al proceso de paz, intentó sabotearlo en el congreso con la ausencia de su partido.
El dibujante Matador realizó una caricatura en el senador Álvaro Uribe Vélez, decía que votaría “enberracado”. El caricaturista pone "n" antes de "b" para aludir a la otra ortografía de la palabra ("enverracado"), quedándose con la "b" por su mayor simbolismo de agresividad.

Ya lo dice el bloguero: "Finalmente: ustedes habrán notado que, a pesar de que todavía no ha sido dirimido el conflicto, yo prefiero escribir "berraco", en el sentido colombiano de la expresión, en vez de "verraco", aunque la Academia diga lo que le dé la gana. Lo hago por una razón muy sencilla: porque una palabra tan berraca no se puede escribir con una "v" corta..." (véase texto aquí).
A raíz de la marcha uribista del primero de abril de este año, leí en diversos medios y comentarios que la gente salió a marchar “emberracada”, para aludir a una actitud irracional y altamente emocional de las personas que profesan ideología de derecha.
¿Será que “verraco” se vuelve sinónimo de "derechista tonto", como “mamerto” lo es de "izquierdista tonto"?

Tuesday, March 14, 2017

¿Buenos días o buen día?

“Buenos días” es expresión corriente de saludo para las horas de la mañana, nos referimos a un solo día, el que está transcurriendo. Por esta razón, muchas personas optan por decir “buen día”. Se puede decir que quienes optan por “buen día” emplean la solución semántica, mientras que los que preferimos decir “buenos días” emplean la solución histórica. Es decir, por tradición, se prefiere “buenos días” aunque no parezca tener relación con su significado.
            El uso más antiguo de “buenos días” lo encuentro en un documento medieval de 1431-1449, donde un hablante saludo a otro “Dios vos salve e dé buenos días” (búsquese aquí en el CORDE). En cambio, no encontré “buen día” en contexto de saludo.
Es posible, pues, que el origen de “buenos días” se encuentre en la expresión “Dios te dé buenos días”, siendo la expresión de un deseo general de bienestar para la persona, no solo para el día indicado, sino para los demás días. Con razón dice Fernando Ávila que decir “buen día” es tacañería semántica, pues se está restringiendo el deseo al día del encuentro con la persona.
En todo caso, cabe recordar que la palabra “día” proviene del latín “dies”, que se usaba con “s” tanto en singular como en plural en algunos casos (véase ejemplo aquí). Es posible que esta ambigüedad permitiera tanto referirse al día específico como para generalizar el alcance del deseo. 

Friday, February 24, 2017

Batuso

“Batuso” significa tener la cara sucia, pintada o embarrada en el Valle del Cauca, región suroccidental de Colombia. Mi madre la decía mucho cuando yo era niña, y después de jugar con tierra quedaba batusa: “vea, lávese que está toda batusa”. Era un término común para mí, hasta cuando una vez ella le dijo esto a mi hermano menor y él no pudo entender a qué se refería. Indagué con otras personas y en realidad muy pocas conocían la palabra, pero sí ha debido ser un término tradicional vallecaucano desde que Tascón lo cita en 1961.
            El origen de esta palabra es incierto, pero puedo plantear dos hipótesis. Una, que viene de la lengua africana de familia bantú “basuto” o Basotho, que se refiere a una etnia de la familia bantú. La cultura de origen africano ha formado parte integrante del suroccidente colombiano, pues su cercanía al Pacífico atrajo el comercio esclavista durante la colonia. Es posible que la palabra “batuso” fuera una metáfora del color de la piel de estas personas, que se aplicó a la suciedad de la cara, debido a la estigmatización histórica que ha sufrido la población afrodescendiente por su color de piel. El paso de “basuto” a “batuso” se explica por trueque de consonantes, un fenómeno muy común en la historia del español. Por ejemplo, la palabra original para “murciélago” no era esta, sino “murciégalo”.
            La otra hipótesis es que proviene de la palabra “bato”, que significa persona rústica o de malos modales. Su origen etimológico es incierto, pero se usa mucho en México. Es posible que se asociara a personas que, por su trabajo agrícola o manual, se consideraran rústicas y tuvieran frecuentemente la cara sucia. Luego se le agregaría un sufijo “-uso” como en “obtuso”, “iluso”, para incrementar el matiz despectivo.

Sunday, February 5, 2017

Zumbambico

“Zumbambico” es un niño inquieto. Se usa para increpar cariñosamente a los niños que están haciendo mucho ruido: “Estos zumbambicos tan cansones, éntrense ya para la casa”. Es propia del español colombiano sobre todo en Valle del Cauca y Antioquia. Se trata además de un juguete que consiste en una “pieza redonda de metal con dos agujeros en medio, por los cuales se pasa un cordel doble” (Tascón). Se le da vueltas al cordel tirando de ambos lados, lo que produce un zumbido que distrae a los niños. En Antioquia se le llama también al piojo de las aves (Marco Fidel Suárez, 1911-1925, CORDE).
Actualmente prevalece el sentido de “niño inquieto”, una derivación metafórica del sentido original que se refería al juguete. La metáfora puede explicarse porque un niño inquieto también es ruidoso como el zumbambico, pero también porque los niños son los que juegan con el zumbambico. En este último sentido se habla también de “metonimia”, pues se nombra un objeto del niño para referirse al niño (posesión por poseedor).
El origen de zumbambico parece la suma de “zumbar” + “ambico”, por el efecto de zumbido que produce. La palabra “zumbar” surge de la imitación del sonido, pues un zumbido suena como “zumb, zumb” (origen onomatopéyico), como dice Joan de Corominas. Es posible que la segunda parte de la palabra también sea por imitación de la segunda parte del sonido, como “zumb” “amb”, “zumb”, “amb”. La parte que se refiere a “ico” es probablemente el diminutivo, como en “zapatico”, “aguerdientico”, “chiquitico”... Así que “zumbambico” es un zumbido pequeño o sutil. Otra posibilidad es que la parte de la palabra “ambico” provenga de “ambos”, debido a que el zumbido surge de dos orificios de la pieza de metal. En tal caso, “zumbambico” es un zumbido sutil producido por dos orificios y cordeles.
No es posible saber los orígenes exactos de esta palabra, aunque es probable que sea tan antiguo que provenga de España. Se sabe que el mismo juguete existe en Galicia (norte de España), Costa Rica y Venezuela, y esta extensión solo es posible si la palabra es tan antigua como para haber sido introducida en la época colonial. Más incierto aún es el origen del sentido metafórico de “niño inquieto” que se le da en Colombia, pero se escucha decir entre personas mayores muy frecuentemente, así que debe ser un sentido muy arraigado como para que hubiera surgido al menos en el siglo XIX o el XVIII.