Sunday, February 18, 2018

Stranger Things


Publicado en El País de Cali, Gaceta Dominical, 29 de enero de 2018

La serie norteamericana de Netflix Stranger Things plantea la existencia de una dimensión alternativa donde habitan los monstruos más terroríficos. Estos desestabilizan la tranquilidad de un pequeño de Indiana llamado Hawkins, durante el año de 1983.
Los protagonistas son cuatro niños, amantes de la ciencia y la fantasía, llamados Will, Mike, Dustin y Lucas. En la primera temporada (2016), la historia gira en torno a la desaparición de Will, el más tímido del grupo, quien además ha experimentado recientemente el abandono del padre. En la segunda temporada (2017), por su parte, Will es perseguido por esos seres de la dimensión alternativa: el “mundo al revés”.
Los protagonistas se encuentran con una niña llamada Eleven, “once” en inglés, pues trae inscrito este código de laboratorio. Ella no solo tiene poderes telekinéticos, sino que ha logrado dominar el arte de entrar y salir del mundo al revés.
A primera vista, pues, parece una historia de monstruos y listo, pero las interpretaciones que admite son mucho más profundas. Por un lado, se puede realizar una lectura psicológica, y por otro, una lectura política.
Comencemos por lo psicológico, tomando solo el ejemplo más representativo: el caso de Will. La historia es una alegoría del drama interior que sufre Will por el divorcio de los padres y el abandono del padre.
El Demagorgon, ese monstruo terrible que se lo quiere comer, es una manifestación del padre que lo ha abandonado. El mundo al revés a donde Will permanece atrapado es un símbolo del drama interior: todo por fuera parece bonito y colorido, pero por dentro ese mismo espacio y tiempo es oscuro y decaído, lleno de telarañas, solitario y terrorífico.
Y lo digo porque he escuchado a personas que han sufrido el divorcio de sus padres cuando estaban niños. Estas personas dicen que de niños se sentían invisibles, como si no existieran a pesar de estar presentes. Los padres parecen tan absortos en sus peleas que descuidan al niño y lo hacen sentir invisible. Se olvidan de ese tercero que sufre.
Es lo que le pasa a Will: ha desaparecido, es invisible a la vista de todos, pero sigue ahí en ese mismo espacio y tiempo. Trata de comunicarse con la madre con signos diversos como las luces que titilan o la estática del teléfono, pero ella siente mucho miedo y se demora en lograr develar el signo.
En hogares de padres divorciados, los niños no pueden expresar adecuadamente su duelo y empiezan a enviar signos muy difíciles de interpretar. La incomunicación los sumerge más en su mundo interior, desolado como el mundo al revés. La madre está tan metida en su propio duelo, el de haber perdido al esposo, que no puede interpretar los signos.
Will necesita de una red social que le ayude a salir de ese estado de hundimiento: es lo que representan los amigos y el hermano de Will, así como el policía y los profesores. Muchas veces tan solo los amigos pueden ayudar a un hijo abandonado por el padre a superar el drama, pero las figuras de autoridad son cruciales en este proceso.
La manera como Will supera el duelo es mediante una interiorización de esa figura difusa del padre. Es lo que se simboliza a través del Demogorgon que lo persigue y penetra en su cuerpo. Sin embargo, como no puede darle una identidad definida a ese padre ausente, termina por sentirse poseído por el monstruo.
Una vez más, la red social le ayuda a expulsar al monstruo, y de esa manera el niño habrá llegado a definir su propia identidad.
Por su parte, la lectura política nos lleva al personaje de Eleven. Ella ha sido despojada de su hogar y sometida a crueles experimentos que le permiten desarrollar poderes telekinéticos. Es usada por agentes del gobierno norteamericano para espiar a los rusos en plena Guerra Fría, pues recordemos que la serie está ambientada en los ochentas.
Esto permite vislumbrar una crítica contra los excesos de Estados Unidos en la Guerra Fría bajo el pretexto de luchar contra los “comunistas”. En el laboratorio, además, se ha abierto accidentalmente la puerta al mundo al revés, y este amenaza a la población de Hawkins una vez los monstruos empiezan a invadir el terreno. No, el verdadero peligro no está afuera de Estados Unidos, está adentro.
En la serie se muestra que los agentes del gobierno también espían al ciudadano común y pueden escuchar cualquier conversación telefónica. Con el pretexto de la lucha contra los “comunistas”, se abre la puerta a la invasión de la privacidad de los personas.
Pero a los niños no los pueden escuchra. Ellos se comunican con wakies-talkies, que están fuera de la esfera de control del gobierno. Esta tecnología rudimentaria que empieza como un juego se termina convirtiendo en instrumento de resistencia. Así logran esconder a Eleven, quien termina luchando contra los mismos que la crearon. La convirtieron en un arma de espionaje que ahora se vuelca contra ellos.
Dejando estas lecturas a un lado, considero que el éxito de la serie se debe al proceso de creación de personajes. Cada uno de ellos tiene una complejidad que se desarrolla a lo largo de la historia. Son personajes tan entrañables a los que amamos sin excepción, y que nos hablan a lo más profundo de nuestro ser.

Persona y persono: Defensa del lenguaje incluyente


En español existen dos clases de género: el género semántico y el género morfológico. El género semántico es el que cambia según el significado, es decir, señala el sexo biológico: señor, señora; abogado, abogada. El segundo solo se refiere a una clase gramatical, y no tiene impacto en el significado: el baño siempre será masculino, no es que los baños sean hombres.
El género semántico generalmente se refiere a las personas y a ciertos animales: soltero, soltera; niño, niña; muchacho, muchacha; gato, gata; perro, perra. El género morfológico se refiere generalmente a entes inanimados, pues estos no tienen sexo biológico. Sin embargo, hay animales que solo tienen género morfológico: jirafa hembra y jirafa macho. Como en “la jirafa macho estaba sentada en un árbol”.
Y esto es lo importante aquí: hay referencias a seres humanos que solo tienen género morfológico: “él es una persona muy bella” o “ella es un ser humano muy bello”. “Persona” y “ser humano” solo tienen género morfológico. Esto porque se refiere a una cualidad abstracta de lo humano. Por eso, no tiene sentido decir “persono” o “ser humana”. Los que se burlan del lenguaje incluyente con estos ejemplos están muy equivocados.
Los géneros semántico y morfológico no se mezclan en la concordancia. Por ejemplo, sería muy extraño decir “había niños y juguetes muy bonitos” o “las niñas y las flores son muy suaves”.
A veces el cambio de género crea una nueva palabra. Es el caso de “naranja”, que es la fruta, y “naranjo”, que es el árbol. Aunque la palabra cambia por el género, el significado completo es diferente, no es simplemente de género. Por eso “naranja” y “naranjo” son en realidad palabas diferentes.
¿Qué pasa entonces con “todas y todos”? La Academia dice que “todos” es genérico, y los lingüistas aceptan que es así, pero yo no estoy de acuerdo con esto. Yo creo que “todos” es una palabra de género semántico, porque varía según el sexo biológico del grupo al que se refiere. Si fuera genérica, se diría “todos” a un grupo de solo mujeres.
En mi opinión, el problema no es que sea excluyente. El problema es que considera a las mujeres una clase especial de hombres cuando están en un grupo mixto. Es decir, las mujeres solas mantienen su condición de mujeres, pero cuando están con hombres deben ser mencionadas según el sexo biológico del hombre, como si fueran su apéndice, o su costilla, según el mito de creación.
Si usamos “todas” ante un grupo mixto que incluye hombres, ¿qué reacción tienen los hombres? Empiezan a hablar como gays, mofándose de la situación. No es que se sientan excluidos, sino que se sienten tratados como mujeres. Por eso es verdad que, en lo posible, debemos demandar el “todos y todas”, aunque en ciertas circunstancias no se permite.
En grupos mixtos de género morfológico prevalece el plural masculino, pero este es un objeto meramente morfológico. Cuando decimos “el baño y la cocina están limpios”, no estamos siendo discriminatorios con la cocina porque es un objeto. Pero si decimos: “el niño y la niña son muy tiernos”, estamos tratando a las personas como objetos gramaticales. Si decimos “todos” para incluir mujeres, estamos asumiendo falsamente que las personas son seres sin sexo, sin significado, como el baño y la cocina.
Otra clasificación del género es entre género explícito y género implícito. El género explícito es cuando la palabra masculina termina en “o” y la palabra femenina termina en “a”. La palabra “casa” es femenina, y tiene género explícito, porque termina en “a” y es femenina; la palabra “baño” termina en “o” y es masculina, por eso tiene género explícito.
Palabras referidas a profesiones se han usado tanto en femenino como en masculino, como abogado y abogada, médico y médica, ingeniero o ingeniera. Por fuerza del uso, se deben considerar de género explícito, y debemos demandar el uso del femenino. Ahora bien, hay palabras como “piloto”, que parecen todavía tener género implícito: “ella es piloto”, no “pilota”.
Las palabras referidas a profesiones que terminan en “o”, no obstante, siempre admitirán un cambio a “a” para la referencia al femenino, aunque en principio suenen raro. Basta que nos acostumbremos a ellas para que empiecen a sonar normal. Las palabras referidas a una cualidad abstracta del individuo, como “testigo” o “ser humano” pueden considerarse de género implícito, por lo tanto no es discriminatorio decir “la testigo”, como no lo es decir “el artista”, aunque termine en “a”.
El género implícito es todos los demás casos, es decir, género femenino que no termine en “a”. Incluye generalmente palabras terminadas en “e”. Una palabra como “calle” es femenina, pero “cofre” es masculina, aunque ambas terminan en “e”. También hay palabras terminadas en “a” que son masculinas como “el problema” o palabras terminadas en “o” que son femeninas como “la mano”.
Palabras terminadas en “e” como “jefe” o “presidente”, pues, pueden aplicarse tanto al femenino como masculino, al igual que “estudiante”, “gerente”, “sacerdote”. De hecho, el feminismo reclama que la Iglesia católica tenga “mujeres sacerdotes” y no “sacerdotas”. Está la palabra “juez” que sirve para hombre y mujer, pues tiene morfología implícita.
Hay nombres de profesiones terminados en “ista” que son de morfología implícita, porque aplican tanto para el masculino para el femenino. Y están también profesiones terminadas en “a” como “pediatra” que aplican tanto para mujeres como para hombres, como “el pediatra” o “la pediatra”. Y palabras terminadas en “o” que aplican para ambos sexos: “el testigo” o “la testigo”.
¿Por qué, entonces, demandar “presidenta”? Porque cuando decimos “presidente” nos hacemos la imagen mental de un hombre, pero cuando decimos “estudiante”, la imagen mental puede ser de hombre y de mujer. Entonces “presidenta” se basa en aceptar el prejuicio de que los presidentes son hombres. De alguna manera, decir “presidenta” sería discriminatorio, pero hay otra forma de verlo
¿Por qué demandar “jefa”, “presidenta” y “jueza”, pero no “docenta”, “estudianta” o “dementa”?
La otra vez alguien decía que porque “presidente” es el “ente” y nos interesan palabras que se refieren a lo fundamental, que es el ente. Esto no es verdad. La terminación “ente” proviene del latín “entis” que significa “el o la que hace”. El “ente” es el verbo ser con esta terminación, como quien realiza la acción de “ser”.
¿Por qué demandar “jefa”, “presidenta” y “jueza”, pero no “docenta”, “estudianta” o “dementa”?
Simplemente por tradición. Es decir, “jefa”, “presidente” y “jueza” tienen una larga tradición de uso desde antiguo, pero no así “docenta”, “estudianta” o “dementa”.
Encontramos “jueza” y “jefa” desde 1852; “jueza” con seis casos y “jefa” con 20 casos; ¡“presidenta” nada menos que desde 1448, con 105 casos! “Generala” aparece desde 1764, y tiene 125 casos. Esto según la base de datos histórica de la Real Academia.
Tradicionalmente “jefa” se decía irónicamente a la esposa regañona, mientras que “jueza” era la esposa del juez, o “generala” también se le decía a una mujer mandona o a la esposa del general. Pues bien, estas palabras adquirieron género explícito en un sentido despectivo, y ahora la Academia acepta la forma femenina.
“Estudianta” tiene un caso en 1899 y uno en 1940, ambos en sentido irónico, pero aún así muy pocos como para haber prosperado entre los hablantes. De hecho, la Academia acepta “asistenta”, pues tiene 57 casos desde 1840. Ejemplo de su sentido despectivo está el uso de “asistonta”.
Estos usos irónicos o despectivos del femenino en palabras neutrales suelen atribuirse a cargos de poder. Esto por cuanto siempre se desdeña de la mujer que tiene poder como poco femenina y hasta caricaturesca.
Mucho cuidado con esto: lo que hace el feminismo es resignificar estas palabras que se usaban en sentido despectivo. No es que estemos demandando el uso del femenino en todas las palabras para resaltar el femenino. Si así fuera, tendríamos que exigir “dementa”, “inteligente”, “ignoranta” o “representanta” y así ponerle género a todas las palabras terminadas en “e”. Incluso, tendríamos que decir “persona” y “persono”, “artista” y “artisto”, “colega” y “colego”.
No, no es que estemos demandando ponerle género a todo para resaltar a la mujer. Lo que se busca es resignificar palabras viejas que ya tenían un femenino innecesario y despectivo, para darles un sentido positivo. Y resignificar tiene un poder inimaginable. Se retoman palabras como “jefa” que tenían sentidos despectivos y se les da un sentido de respeto. Así, se le quita poder semántico al sentido despectivo que tenía.
Es decir, el uso feminista de “presidenta” no se debe a la necesidad de resaltar el femenino. No. Se debe a la necesidad de reusar un femenino tradicionalmente despectivo para resignificarlo. En palabras que no se refieren a cargos de poder, la tradición no ha puesto el femenino. Solo se ridiculiza a la mujer en cargos de poder, no en situaciones como “demente” o “dementa”.
Es como lo que pasa en inglés, que “bitch” significaba “perra, puta”, pero hoy se refiere a una mujer que no se deja de nadie, de mucho carácter. Y muchas mujeres dicen con orgullo: “I’m bitchy” (soy perrona, putona).
Pero no tengo solución para el problema de “todos y todas”. Acepto que es machista, pero en muchas ocasiones resulta demasiado engorroso reiterarlo. Es que la lengua es machista porque obedece a una tradición patriarcal, y ante eso no hay mucho que pueda hacerse. Lo que sí podemos hacer es usar de vez en cuando el “todas” con tono irónico para incluir a los hombres. Y cuando es evidente que nos referimos a una mayoría de mujeres, usemos el “todas”. De esa manera, empezamos a resignificar el género semántico en español.

Thursday, February 1, 2018

Zurullo

Mi suegra me recomendó escribir sobre la palabra “zurullo”, que usaba mucho su madre, y se refiere a un bultico en la ropa que nos incomoda, como un doblez o un turupe. Me gustó mucho porque encontré la palabra para lo que no me deja dormir. Esos turupes o dobleces en la ropa me molestan mucho y tengo que estarlos estirando cada vez que me volteo.
            El significado que trae el diccionario de la Academia es “pedazo rollizo de materia blanda”, que en el caso de mi suegra se especializa en la tela. Busqué la etimología y en realidad no se sabe de dónde proviene. Ni la Academia ni Corominas saben. Pero Corominas plantea una hipótesis, ya que existen otras variantes de esta palabra: “cerallo”, “zuruco”, “zorete”, “cerote”.
            Se trata de una mezcla entre la palabra “cera” y “gurullo”. De hecho, “gurullo” significa “pella de la lana, masa, engrudo”, y buscamos “pella” y significa “masa que se une y aprieta, regularmente en forma redonda”. Nos encontramos aquí con una definición circular, un error lexicográfico: el significado es “pella de la masa” y “pella” se define como “masa”. En todo caso, “gurullo” como masa en la tela se relaciona perfectamente con “zurullo”.
            La “z” o “c”, que es el mismo sonido incluso en español peninsular, proviene de la influencia de “cera”. Y es cierto que la cera es materia blanda. Entonces “zurullo” proviene de considerar un cúmulo de masa blando como la cera, pequeño y engorroso para el coser, y en mi caso, para dormir.

Thursday, January 25, 2018

Rayo homosexualizador

La expresión “rayo homosexualizador” se usa para arodiar a las personas muy religiosas que creen la teoría de que existe una conspiración mundial para que todos nos volvamos homosexuales, y así evitar que la gente se reproduzca y acabar con la humanidad. Aunque algunos piensan que es para acabar con la raza blanca. Es un misterio cómo surgió esta expresión, pero parece que se la inventaron comediantes en México.
Aparece en un video subido a Youtube el 23 de febrero de 2017, por Imagen Noticias, quienes dicen de manera jocosa que los nazis desarrollaron una tecnología de control mental para homosexualizar a los heterosexuales. Los suecos y noruegos perfeccionaron el programa y se lo dieron a los homosexuales para propagar su “ideología”. Los comediantes se ponen un casco vikingo, juntan los cuernos y hacen el sonido de un rayo. Entonces empiezan a mostrar imágenes de famosos que salieron del closet, como si “de repente” se hubieran homosexualizado.
Juega con el prejuicio que tienen ciertas personas de que la orientación sexual es un aspecto que se puede cambiar. Como si los que salieron de closet se hubieran convertido en homosexuales de repente. No. Lo fueron siempre.
En Colombia esta expresión adquirió un gran empuje en 2017 debido a una intensa polémica que se formó en torno a los derechos de la comunidad LGTBI.
            Un joven llamado Sergio Urrego se suicidó en Bogotá el 4 de agosto de 2014 debido al rechazo que sentía en el colegio por ser homosexual. El 3 de agosto de 2015 la Corte Constitucional dictó sentencia en la que ordenaba al gobierno realizar pedagogía en contra de la discriminación escolar por orientación sexual (ver sentencia).
A raíz de esto, en 2016 el Ministerio de Educación, a través de la fundación Colombia Diversa, elaboró unas cartillas para uso obligatorio en los colegios, para inculcar respeto a los niños y jóvenes por las personas de sexualidades alternativas. Antes de que las cartillas salieran a la luz pública, comenzaron a circular noticias falsas de que contenían pornografía: hombres desnudos en la cama y otras imágenes (vea aquí).
Cuando las cartillas salieron, ya tenían un público predispuesto. Las cartillas contienen información muy conocida en los estudios culturales sobre teoría de género, según la cual existe una diferencia entre “sexo” y “género”. El “sexo” es una condición biológica, y el género es cultural. Así pues, según el “género” nadie nace hombre o mujer, sino que construye su sexualidad según patrones culturales.
Esto desató la furia de líderes religiosos y padres de familia. Tanto así que el 10 de agosto de 2016 se realizaron multitudinarias marchas en contra de la mal llamada “ideología de género”. Se pensaba que el Estado quería convertir en homosexuales a todos los niños y jóvenes. El hecho de que la ministra de educación, Gina Parody, fuera abiertamente homosexual, parecía ser indicio de ese poder homosexualizador.
Esto obligó al gobierno a echar para atrás la medida de las cartillas.
Pero la cosa no paró aquí. El 2 de octubre del mismo año se realizó un plebiscito en que la gente votaría Sí o No al acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc. Parte de la propaganda negra en contra del acuerdo fue divulgar la noticia falsa de que el acuerdo de paz contenía “ideología de género”, e incluso la aprobación del aborto.
Muchos cristianos y católicos votaron que No al acuerdo de paz, pensando que el acuerdo ponía en el poder un Estado homosexual y homosexualizador. Como la ONU apoyó el acuerdo de paz, se decía que existía un plan mundial para convertir en homosexuales a todos los niños y jóvenes.
El “rayo homosexualizador” fue una manera de parodiar esa teoría conspiranoica. De hecho, el hijo del presidente de la república parodió esas ideas en un tweet: “Así es! También planeamos utilizar el rayo homosexualizador contra todos los colombianos, entregarle el país al castrochavismo/“far” y de paso conquistar el mundo!” (ver aquí).
Iván Gallo en Las2Orillas usó la expresión “rayo homosexualizador” para referirse a esta gran mentira (ver aquí).
La expresión se ve frecuentemente en redes sociales como respuesta a las personas que están en contra del acuerdo de paz. Mejor dicho, una manera muy colombiana de referirse jocosamente a la posverdad.

Sunday, January 21, 2018

Fantasmas e hipoteca

Aquí mi interpretación sobre las películas de horror gringas, la casa encantada y todo ese cuento: ¿qué representan los fantasmas? No son más que las deudas y la hipoteca. Algunos ejemplos de esta situación:
The open house:  Película de Netflix. Ante la muerte del padre, una mujer y su hijo adolescente se van a vivir a una casa de una pariente. Pero la casa está en venta, y ellos vivirán allí mientras la venden. El padre los ha dejado llenos de deudas, con tarjetas de crédito canceladas. Allí, empiezan a sufrir situaciones terroríficas, como que les apagan el gas, les cambian de lugar las cosas, les cortan el teléfono. En otras palabras: los acreedores son los fantasmas.
American Horror Story, primera temporada, serie de Netfliix: Un psiquiatra, su esposa e hija adolescente se van a vivir a otra ciudad después de la infidelidad del hombre. Este ha tenido que endeudarse para comprar una mansión en esa nueva ciudad. Allí los empiezan a acosar fantasmas de todos los dueños anteriores de la casa. ¿Qué representan esos fantasmas? La hipoteca.
The Conjuring: Una pareja con cinco hijas se mudan a una casa vieja, donde empiezan a a ser atormentados por una bruja, la verdadera dueña, que quiere reclamar su posesión sobre la casa. En mi interpretación, la deuda que les ha dejado la compra de la casa los atormenta. La bruja es en verdad el banco que les quiere quitar la casa.
En fin, películas de la crisis económica.

Yo no sé a lo colombiano - valluno

Vamos a hablar sobre una pronunciación particular de la frase “yo no sé” que es “e-e-jé”. Es que en el español caucano-valluno (suroccidente de Colombia) nadie dice “yo-no-sé” con todos sus sonidos, sino una serie de vocales relajadas con una jota entrometida, con un gesto de boca estirada y un levantamiento de hombros que significa “yo no sé”. ¿De dónde pasó de “yo-no-sé” a “e-e-jé”?

            Paso 1: Articulación de “j” en vez de “s” entre vocales
            Yo-no-sé > yo-no-jé

            Paso 2: Relajación de la “o” en una especie de “e” abierta o vocal indeterminada:
            Yo-no-jé > ye-ne-jé

            Paso 3: Nasalización de las vocales cercanas a la “n”
            Ye-ne-jé > yẽ-nẽ-jé

            Paso 4: Desaparición de consonantes:
            Yẽ-nẽ-jé > ẽ-ẽ-jé
           
            El paso de “s” a “j” (en lenguaje fonético es /h/) resulta un fenómeno muy común del español caucano-valluno, y solo ocurre cuando el sonido se encuentra entre dos vocales, o a comienzo de la palabra: “con eso” queda “con ejo” o “sí” queda “hí”. Como la “n” es una consonante nasal, esta transfiere su nasalidad a las vocales y así, con la sola nasalidad de las vocales, queda expresado el sonido “n”. Entonces “n” termina por desaparecer. Nótese la virgulilla que se ha puesto encima de la vocal para representar esa nasalidad: “ẽ”.
            Como es una expresión de alta frecuencia, es decir, se dice muchas veces, tiende a reducir su forma sonora. Lo mismo pasa en la expresión inglesa del mismo significado: “I don’t know”. Nadie dice “ái-dont-nou” como debería ser, sino que se convierte en “a-ro-nó” (no somos específicos en el lenguaje fonético para no entrar en terminología.
            Por su alta frecuencia, desaparece también la consonante “y”, que no es común que desaparezca, aunque en español caribeño tiene una articulación más débil. Y el español caucano-valluno tiene mucho parentesco con el español caribeño.
            Ahora bien, la expresión “ẽ-ẽ-jé” debe realizarse con un tonito ascendente en medio de la frase, y con la expresión corporal mencionada, para entenderse. Es decir, es una forma altamente dependiente del contexto.
            Es cierto que alguien podría juzgar que se trata del resultado de cierta pereza articulatoria, y el solo hecho de no saber algo incluye el sentido de pereza o desinterés, pero no por eso deja de ser simple: nótese la regla complicada de cambio (los 4 pasos) que se sigue.

            Hablaremos de otra palabra que sigue un cambio similar: y esta es “tõjes” por “entonces”.

Wednesday, January 3, 2018

¿Podrir o pudrir?

La Real Academia acepta tanto “podrir” como “pudrir”. Cuando sílaba queda con acento, solo acepta “pu” como en “pudre”. En todos los demás casos, suele aceptar tanto “po” como “pu”: “podría” o “pudría”, “podrió” o “pudrió”. El gerundio sería una excepción, pues solo admite “pu” aunque esté inacentuada.
Y no se quejen diciendo ¡ah, es que la Academia se ha vuelto permisiva con todo! No señores: esto está así desde 1736. Sin embargo, las bases de datos muestran que los hablantes cultos prefieren la forma con “pu”.
            El verbo original latino era “putrére”, donde la “u” breve pasó a “o” por evolución fonética regular. Es decir, la forma más original sería “po”. Lo mismo ocurrió con “subir”, que originalmente era “sobir” por provenir de la “u” breve latina.
El verbo “putrére” se transfirió al castellano como un verbo terminado en “ir”. Muchos verbos terminados en “ere” pasaron a ser “ir” en castellano, como “vivir”, que era “vívere” en latín. Por esta razón, tenemos verbos que comparten formas conjugadas, aunque sean de terminaciones diferentes: “vivir” y “comer” son “vivimos” y “comimos” en pasado, ambos terminados en “imos” aunque el infinitivo sea diferente.
            Cuando el verbo “podrir” ganó su terminación verbal con “i”, esta vocal ejerció una presión sobre el cuerpo del verbo para hacer su pronunciación similar. Notemos que la vocal “u” e “i” son cerradas. La “i” de la conjugación hizo que la “o” se pronunciara con “u” para hacerla más parecida. Lo mismo ocurrió con “sobir”, que terminó en “subir”.
            Un caso muy diciente es el verbo “dormir”. Se dice “dormimos”, pero “durmió”. Hay una vacilación entre la vocal “o” y “u”. Pero “u” solo se usaría en sílaba inacentuada ante el diptongo, “ió” en “durmió” y “ié” en “durmiendo”.
Otro caso es el de verbos como “poder”. En latín el pretérito era “potui”, pero en la pronunciación vernácula se dijo “pouti”, y de esa combinación “ou” se formó “u”. Así se formó “pude”, que adquiere “pu” cuando tiene acento.
Entonces “podrir” recibió influencia de estas diferentes conjugaciones. Al igual que “poder”, se definió por “pu” cuando la sílaba tiene el acento: “púdrase en el infierno”. Al igual que “dormir” en “durmiendo”, se quedó con “pudriendo” y desechó “podriendo”; se quedó con “podrido” al igual que “dormido”, y desechó “pudrido” o “durmido”.
En los demás casos conservó la “o”, como en “podrir” y el antiguo “sobir”, pero alcanzó a recibir influencia del cambio a “subir”. Sin embargo, una búsqueda en los datos recientes de la Real Academia muestra que los hablantes cultos prefieren “pu”, lo que muestra la tendencia a unificarse en “pudrir” al igual que “subir”.
Mejor dicho, ante la duda, diga siempre la variante con “pu”, porque aprenderse las conjugaciones en las que se puede decir “po” es más engorroso. Solamente en “podrido” (participio) se acepta solo “po”.