Monday, June 19, 2017

"La RAE lo hizo otra vez"

Internet es una fuente inagotable de desinformación. Si lo es con cosas del idioma, ¿cómo puede ser con el resto? ¿Con todo? Haciéndonos ideas deformadas y falsas de la realidad día a día, a todas las personas.
            Lo digo por ese artículo que se titula “La RAE lo hizo otra vez”, con una foto de una estatua como griega con la mano en la cara, como si estuviera consternado por las palabras “incorrectas” que la RAE ha “aceptado”. Este artículo es a su vez copia de otro que se titula “20 palabras que la RAE ha incorporado al diccionario”.
            El que escribió este artículo ni se tomó la molestia de indagar CUÁNDO fueron incorporadas estas palabras.
            Veamos algunas:
            “Toballa”: incorporada en 1739.
            “Almóndiga”: incorporada en 1726.
            “Asín”: incorporada en 1770.
            “Descambiar”: incorporada en 1843.
            “Papahuevos”: incorporada en 1803.
            Y así no quise hacer más búsqueda para no ponerme como el griego de la estatua con tanta desinformación.
            Cuando el autor del dicho artículo dice: “A continuación recopilamos 20 palabras raras que la RAE ha incorporado al diccionario en los últimos años”, evidentemente se refiere a los últimos 300 años o tres siglos de historia.
            Autor anónimo: si apenas te diste cuenta que estas palabras existían en el diccionario, no quiere decir que apenas hayan sido aceptadas cuando te diste cuenta. El mundo no gira a tu alrededor.

Friday, June 2, 2017

¿Yerro o erro?

La Academia acepta “yerro” y “erro” (cometo un error), “yerras” y “erras”, “yerra” y “erra”, “yerran” y “erran”, en el presente de indicativo. En el presente de subjuntivo, acepta la forma con “y” y sin ella, como en “para que no yerres/erres”. Usar esta forma ya es extraño, pues el hablante prefiere decir la frase “cometer un error” o “equivocarse”. Pero si se quiere decir en una sola palabra, se puede empezar tanto con “y” como con “e”.
            Es curioso que la Academia acepte ambas formas, aún contra sus orígenes etimológicos y el uso culto. La palabra “errar” viene del latín “errare” que comenzaba con “e” breve. En latín existían dos formas de pronunciar las vocales: largas o breves. Esta pronunciación se conservó en italiano, pero se perdió en español. La “e” que se pronunciaba breve en latín y quedaba con acento, terminó formando un diptongo “ie” como en “cielo”, del latín “cellum”. En cambio, en “celeste” ya no tiene acento y entonces no se forma un diptongo, siendo “cieleste” imposible.
            Lo mismo pasaría con “errare”. En la conjugación infinitiva, el acento queda al final, como en “errár” (pongo la tilde para recalcar la sonoridad del acento), así que la “e” se queda siendo “e”. Pero cuando tiene el acento, como en “érro”, se transformó en “iérro” como pasó con todos los casos de “e” breve acentuada del latín. De ahí la forma “yerro”, donde la “i” a comienzo de palabra asume inmediatamente la cualidad de consonante, como pasa con “hierba” y “yerba”.
Según esto, cuando la Academia admite “erro”, “erras”… va contra la etimología. La forma que se acerca a su origen latino es “yerro”, “yerras”…
            Una búsqueda en las bases de datos de la Real Academia muestra que “yerro”, “yerras”… se usa con bastante más frecuencia que “erra”, “erras”… Es decir, cuando la Academia acepta “erra”, “erras”…, también va contra el uso.
            Esto es apenas uno de los ejemplos en los que se muestra la arbitrariedad de la Academia a la hora de aceptar o rechazar variantes. En este caso, la Academia ha sido bastante benevolente al aceptar ambas formas, lo cual le conviene al hablante interesado en conformarse a la regla académica. Sin embargo, ¿por qué no acepta “haiga” y “haya” al mismo tiempo? Bien podría hacerlo, no existe obstáculo, si acepta “yerro” y “erro”.

Achicopalado

“Achicopalado” es estar abatido, deprimido, triste o humillado, que se expresa en una postura del cuerpo encogida, y con tendencia al aislamiento y al silencio. Según la Academia, es expresión propia de México, El Salvador y Honduras. En México se tiene como un término de uso tradicional, coloquial y campesino. Se usa también en Colombia. Curiosamente también se lo hemos escuchado decir a una cubana, pero no se ha encontrado documentación más extensa. Parece desconocido en España y Argentina (véase forista Tacherie aquí).
            Según la Academia, “achicopalado” viene de “achicopalarse” o “achicarse”, que significa “volverse pequeño” y en su tercera acepción “humillarse”. Estar “achicado” es estar “humillado” y por extensión metafórica sentirse abatido, deprimido y triste. De ahí su asociación con una postura corporal en la que el individuo se percibe más pequeño de lo que usualmente es.
            “Achicar” proviene de “chico”, que se remonta al latín “ciccum” o cosa de poco valor. Por esta razón, “achicarse” es consecuente con “humillarse” o asignarse a sí mismo poco valor, con toda la negatividad emocional que esto implica. La adición de “palar” permite establecer una causa de tal humillación como de alguien que ha recibido “palos”, golpizas o contratiempos (véase etimología).
El término “achicarse” como “humillarse” ha debido entrar desde España con los primeros colonizadores de América. La adición de “palar” es lo más desconcertante en la historia de esta palabra. Mientras no exista documentación española, debemos considerarla una innovación hecha por hablantes de español en América, probablemente iniciada en México y extendida así a Centroamérica.  La documentación más antigua se encuentra en México en 1895, pero es probablemente mucho más antigua.
La ausencia de documentación obliga a hacer solo conjeturas sobre cómo llegó a Colombia. Es posible que hubiera llegado por medio del cine mexicano, especialmente Cantinflas (véase forista Mangato aquí). En tal caso, habría que explorar por qué Cantinflas lograría introducir esta palabra solo en Colombia. Habría que averiguar si logró introducir otras palabras mexicanas.
También habría que explorar mejor si es de uso común en Cuba. En tal caso, habría que considerar un origen más antiguo, tal vez en el siglo XVII, para que se extendiera al Caribe y a Colombia, y quién sabe a qué más lugares que se desconoce.
Muchas veces pasa que los hablantes del lugar se creen dueños exclusivos de un vocablo y después encuentran que en un lugar apartado se utiliza también. Eso parece ocurrir en México, aunque yo también creía que los colombianos éramos los únicos que la decíamos.